• Photo of Lomo Gordo desde Navarredonda
  • Photo of Lomo Gordo desde Navarredonda
  • Photo of Lomo Gordo desde Navarredonda
  • Photo of Lomo Gordo desde Navarredonda
  • Photo of Lomo Gordo desde Navarredonda
  • Photo of Lomo Gordo desde Navarredonda

Technical difficulty   Moderate

Time  6 hours 9 minutes

Coordinates 3343

Uploaded May 26, 2015

Recorded May 2015

-
-
6,907 f
3,984 f
0
3.0
6.0
12.05 mi

Viewed 501 times, downloaded 5 times

near Navarredonda, Madrid (España)

Con excusa de ir a Lomo Gordo, un dosmil madrileño que se me había pasado cuando hice una ruta por los reajos y la Peña del Buitre desde el puerto de Navafría, busqué una forma de hacerlo totalmente distinta, escogiendo salir desde el pequeño (pero con mucho encanto) pueblo de Navafría, en un entorno privilegiado y especial apartado de las zonas más "masificadas" del Valle del Lozoya.

En una primavera seca y amenazando un duro verano, esta zona permanecía verde, frondosa, espléndida... y agreste.

Se comienza por la vía pecuaria, muy bien conservada y rodeada de robles en su momento más verde, así como praderas de pasto llenas de flores, que llevaría al Pico de la Cruz, pero no es el objetivo de hoy, por lo que pasamos de largo el desvío a la izquierda y continuamos a la derecha hacia el bosque. Antes, un mirador improvisado entre robles con vistas de postal al embalse de Pinilla y las montañas más conocidas de Guadarrama al fondo y, al principio de subir, antes de adentrarnos en el bosque, un claro con ambiente mágico y celta, con piedras de granito que bien pudieron ser algo hace milenios.

Continuamos la subida por el bosque, aquí sí parece que es primavera, el entorno es precioso. Al pasar los 1.500 m, como es habitual, los robles van cediendo su hegemonía a los pinos. Seguimos sendero con hitos que nos llevan a un arroyo, aquí marqué un punto como despiste, ya que por seguir la ruta que me había bajado y que se alejaba, me adentré campo a través subiendo entre pinos, repoblados en terrazas, hasta llegar de nuevo al arroyo del que no me debí haber alejado, hay que hacer caso a los hitos, que para eso se han molestado de ponerlos ahí.

Aquí, buscando un sitio por el que vadear el arroyo, el susto del día (de mi vida senderista, diría): a menos de cien metros por delante, de repente sale de entre los arbustos una mole achatada gruñiendo y bufando como loca y empezando a correr hacia mí: un jabalí, posiblemente con sus crías. Nunca había corrido tan rápido en mi vida, con la mochila con todo el agua y la comida aún dentro, me precipité cuesta abajo en línea recta hacia el arroyo para cruzarlo y a la vez alejarme de las crías (con la esperanza de que no me siguiera por este terreno escarpado dejando a sus crías atrás), lo crucé sin dejar de esprintar en dos rápidas zancadas en las que no recuerdo ni haber pisado las rocas y seguí corriendo cuesta arriba buscando un árbol al que subirme hasta que me di cuenta de que ya no me seguía. Aparte de rápido, nunca había sido tan habilidoso por este tipo de terreno, ya me veía con las piernas y la cabeza destrozadas y destripado en medio del bosque, por el que no pasaba nadie (en más de seis horas y más de 19 km. no me encontré ni a una sola persona fuera del pueblo).

Seguí caminando deprisa cuesta arriba, sin mirar si iba siguiendo bien la ruta, hasta llegar a otro arroyo que pasaba por una explanada entre montes y bosque. Remontándolo, pasé por una extensa pradera verde a los pies de la montaña llena de ganado descansando y rumiando al sol. La estampa bucólica y la presencia indirecta del hombre, por el ganado manso, me ayudó a calmar las pulsaciones. Volví a tragarme el corazón, que casi se me había salido por la garganta, y seguí subiendo camino de la pista que me aparecía en el mapa y que lleva a una fuente que tenía marcada. Entre Despiste y Fuente seguro que hay un mejor camino que seguir, incluso cogiendo más trozos de pistas, pero por aquí tampoco fui mal del todo, y sin internarme tanto en el bosque.

Al llegar a la pista, conseguí sentir algo de seguridad y la seguí sin atajar por el bosque hasta la fuente. Una pequeña parada, y a seguir subiendo remontando otro arroyo, dejándolo también a la derecha, por senderos y trochas de ganado. Un par de veces más entre los árboles del otro lado de la orilla oí el mismo sonido inconfundible de bufido-gruñido que me mantenía en máxima alerta.

Los 1.900 m., donde se acaba el bosque cediendo paso a terreno de alta montaña, aquí estaban marcados con un cráneo de vaca, señal de que vamos bien. Las vistas, con los paisajes abiertos a la espalda a lo lejos (Pico de la Cruz, embalse, la Sierra,..), y las estribaciones de Reajo Capón enfrente, bajo nubes negras que no llegaron a descargar (por desgracia, con la falta que hace) son impresionantes. Seguimos el sendero marcado hasta salir a la cuerda, dejando atrás Reajo Capón (ya había estado) y siguiendo ya cómodamente, aunque con viento frío, hasta pasar por Reajo Alto. Por desviarme hasta el vértice geodésico, que pillaba más o menos de paso, me metí por arbustos un poco incómodos y lentos de andar, hasta volver a la cuerda. Así que no quise hacer lo mismo con Peña del Buitre, que también había estado, y la pasé de largo siguiendo por la cuerda hasta las lomas gemelas de Lomo Gordo. El Vértice Geodésico, caído, está en la primera según pasamos, aunque todas las rutas sitúan Lomo Gordo en la siguiente. Por aquí, como ya se deja de subir, sí que se siente el frío y el viento y hay que abrigarse. Aprovecho para sacar algo de fruta y comerla sin para de andar; no se me quitaba de la cabeza lo que leí acerca de una quesería que hay por la zona, donde unos lobos mataron varias cabras. Lo último que quería después del susto es que se me hiciera de noche en medio de un bosque lleno de lobos...

La bajada es por un cortafuegos bastante empinado. Hay que estar atento al desvío para no seguir por la pista que nos alejaría de Navarredonda, y adentrarse cuesta abajo campo a través por el bosque y pasar una valla por donde está marcado, que es por donde se puede, hasta llegar a otra pista por donde se llanea cómodamente un rato. Se pasa más o menos cerca de la Chorrera de San Mamés, pero no se ve. Delante en el camino, un ruido y movimiento: un cervatillo que estaba escondido y salió corriendo bosque abajo, algo de susto me llevé, claro... Otro desvío para seguir bajando por sendero y otro más para bajar de verdad por el bosque camino del pueblo. Otra valla que hay que pasar donde está marcado, atravieso un gran campo de lavanda en flor sin camino aparente, hasta llegar al camino que lleva al pueblo. Un descanso en la plaza de la iglesia, llamada de que he llegado bien, y al coche.

Al pasar San Mamés, veo un pequeño desvío hacia la izquierda y, pensando en la quesería, me meto, y ya veo un cartel que la indica. Allí, me confirma el pastor que en una sola noche los lobos le mataron a 80 cabras, y es por lo que no tiene leche suficiente para preparar queso curado, así que me llevo de lo que tiene después de probarlo (riquísimo). Siempre que es posible, hago algo de gasto en los pueblos a los que voy, ya que nos acogen y nos ofrecen caminos, senderos y vías para disfrutar de la montaña y la naturaleza, charlan contigo, te cuentan cosas, te dan caldo calentito cuando llegas en noches de invierno... Tomar algo en el bar, comer o cenar en un restaurante, comprar productos naturales en pequeños comercios... es mi aportación a gente que como todos lucha por salir adelante a veces con pocas oportunidades y medios y sin desde luego tanta clientela posible como en Madrid capital (pero eso sí, más majos y de mente más sana que lo que te encuentras en las ciudades grandes).

En fin, una ruta que empezó siendo preciosa y mágica, tuvo sus peligros salvajes y agrestes, y que tiene una gran variedad de paisajes, entorno, terreno, flora y fauna,... en un pueblo al que volveré (está la rutilla de la Cruz y de la Chorrera, y la quesería...)

Comments

    You can or this trail