Technical difficulty   Easy

Coordinates 500

Uploaded August 29, 2014

Recorded August 2014

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1,970 f
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1.6
3.3
6.52 mi

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near Skogar, Suðurland (Lýðveldið Ísland)



Marcha realizada el martes 12 de agosto de 2014
Hoy hemos dormido en Reykjavik. El motivo no es otro que la necesidad de tener cerca el BSI o estación de autobuses, que nos llevará hasta el primer campamento de este conocidísimo trekking, que tantos franceses, alemanes, americanos, italianos y españoles, por lo que hemos visto, hacen. El hostel, que no hotel, en el que nos hemos hospedado, de lo más cutre y no precisamente barato, aunque eso sí tenía consigna para dejar las maletas durante los cuatro días en que haremos ese espectacular trocito de las tierras altas, que aunque para los turistas son conocidas como highlands, sin embargo los islandeses las llaman “Heidi”. Ni que decir tiene, que si muchas de las carreteras “normales” son de grava volcánica, éstas otras de las tierras altas del interior son carreteras “F”, lo que significa que para adentrarse en ellas en necesario un todoterreno, e incluso en algunas de ellas, informarse previamente para conocer el estado de las crecidas esporádicas de los ríos. Nosotros, al menos en esta ocasión, nos conformaremos con patear unas cuantas docenas de kilómetros por uno de los espacios más bellos de la isla y yo diría que del “mundo mundial”: el Laugavegurinn. Para ello hemos madrugado, pues el autobús que sale a las 8 h. tardará algo más de cuatro en llevarnos hasta el primer campamento de este conocido trekking. Son autobuses todoterreno los que se mueven por estas zonas, capaces de vadear ríos sin ningún problema, y que hacen un montón de paradas, para ir recogiendo a los muchos jóvenes que se atreven a realizar esta bonita ruta. A las doce y media, cuando nos deja el bus, echamos un rato en sacudir las generosas mochilas que traemos, pues el polvo del camino las ha cambiado hasta el color. El día promete y la previsión del tiempo para los próximos tres días es buena, empezando a cambiar a partir del cuarto. No podemos entretenernos mucho más, ya que tenemos reservados los cuatro refugios en los que dormiremos, con antelación de muchos meses. Son casi las 13 h. y nos echamos a la espalda nuestras pesadas mochilas, y eso que no llevamos tiendas. Empezamos a caminar por el senderito que hay tras los baños. El camino nos muestra ya desde el principio, que al menos en esta etapa de unos doce kilómetros hasta el refugio de Hrafntinnusker y en parte de la siguiente, el ascenso acumulado será bastante mayor que en las dos etapas restantes. Aún así, hay que mentalizarse a que los repechos, unos más pronunciados que otros, se irán sucediendo, así como unas imágenes y paisajes que se van grabando tanto en la retina, como en las cámaras de fotos, con la misma intensidad. La belleza es indescriptible, y cada panorámica parece un cuadro hecho por un artista al que le importa poco “el qué dirán”, pero que con suma paciencia consigue una obra de arte, difícilmente superable por los tristes mortales. A destacar que el primer kilómetro y medio lo hemos hecho con rumbo oeste, pero a partir de ese punto la dirección sur con ligera tendencia a oeste marcará todo el tiempo al resto de la caminata. El viento, no muy fuerte, aunque sí racheado nos empuja por la espalda, es decir viene desde el norte, manteniendo a raya las nubes y despejando el ambiente. También hay que tener en cuenta, que algunos tramos del camino van notando el impacto de la fuerte presión que sufre el terreno, llegando casi a desdibujar y estropear algún tramo, como el que pasamos poco antes de atravesar el primer nevero. A lo largo de este primer tramo de la etapa, se suceden las señalizaciones, normalmente verticales, que informan del camino a seguir o de otras variantes que permiten alguna de las diversas circulares que hay en esta zona y que vuelven hasta el área de acampada y servicios. Aunque esta primera etapa es la más corta de las cuatro, sin embargo hay que contar con que el tiempo no será muy inferior al de las restantes. El motivo, la gran cantidad de pretextos para parar y llenar las tarjetas de memoria de las cámaras. Son innumerables las fumarolas, surgencias de agua y lodo caliente, coladas de lava y un sinfín de montañas de tantos colores, como materiales que las forman. He marcado algunos miradores desde los que hemos tirado un mayor número de fotos, pero en realidad habrían podido ser muchos más, ya que a cualquier punto que se dirija la vista se encuentra un rincón de belleza singular y que parece competir con todos los demás. Aún no son las 18 h. y tras un largo nevero y una corta pendiente que acaba en una suave loma, avistamos el humilde y austero refugio del Hrafntinnusker, en el que veintiocho personas dormiremos en la misma habitación, ocupando las literas correspondientes, en las que las camas de abajo eran dobles, y simples las de arriba. En el centro de la habitación un par de mesas corridas y largos bancos que hacían a su vez la función de salón-comedor, y todo lo demás. Este primer refugio no tiene duchas de agua caliente, y aunque el agua y el aire de Islandia están considerados de los más puros que hay en el planeta, sin embargo hay que tener valor y algo más… para ducharse con un agua, que serviría perfectamente para hacerle el control de calidad a los empastes de la boca.

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