Time  7 hours 49 minutes

Coordinates 618

Uploaded September 16, 2018

Recorded August 2018

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4.48 mi

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near Terskol, Кабардино-Балкария (Россия)

Ha llegado el momento. Nos vamos para el Elbrús.

No estoy muy seguro de que la aclimatación haya sido adecuada. Hemos hecho una rutilla de unos mil metros de desnivel nada más. Claro que yo qué sé. Si esto es lo que se hace habitualmente, será porque basta para poder subir. Habrá que fiarse de las costumbres.

En fin, allá vamos, con muchas ganas. Nos acercan a la estación de esquí que sube hasta Garabashi, y desde aquí cogemos un par de remontes que nos dejan en la parte alta. Hemos subido hasta arriba en quince minutos. Está muy bien, muy rápido y descansado, pero ando un poco mosca con el tema de la altitud y la aclimatación. Según subíamos se veía a algunas personas caminando por las pistas, bajo los mochilones. Por una parte me alegraba de no subir toda esa distancia andando, pero por otra… Igual vendría mejor subir despacio. Pero bueno, las circunstancias son las que son, y es lo que tiene ir en un viaje organizado.

Arriba por fin pisamos nieve. El ambiente ha cambiado mucho. Estamos rodeados de un clima mucho más montañero. Hay también muchos turistas que han subido a dar una vuelta y hacerse fotos, pero se ve quién tiene intención de llegar más alto.

Un poco más allá se ve el refugio Barrels, los típicos cilindros que se ven en todas las fotos. Creía que íbamos a alojarnos allí, lo que demuestra que la comunicación ha fallado por alguna parte en esta expedición. Porque en vez de ir para allá, el guía nos lleva a un quitanieves que hay aparcado cerca, para que nos suba hasta nuestro auténtico alojamiento, en el refugio Garibashi.

En toda la zona hay un gran trasiego de motonieves y quitanieves yendo y viniendo, subiendo y bajando gente. No le veo mucho sentido a venir aquí y montarse en un cacharro de esos, pero aquí estoy yo, montado en un cacharro de esos, yendo al refugio…

No subimos mucho, en un par de minutos llegamos. Casi podríamos haber ido andando. En fin, es lo que hay. Nos instalamos en un enorme contenedor como los de los barcos. No está nada mal. Hay algunos que simplemente están llenos de literas, pero el nuestro tiene un pasillo central, y a los lados habitaciones de cuatro literas. Como venimos cuatro, estamos solos en una habitación.

Hay dos cosas de mi equipación que me preocupan: las botas y el saco. Son bastante viejos y no estaba seguro de que me vayan a valer.

Al saco se le borraron las marcas de temperatura hace años, y no tengo ni idea de cuánto aguanta. No me acuerdo. Es de invierno, pero no sé nada más. Así que tenía miedo de pasar frío. Luego vi que era un miedo infundado, porque en la habitación nos cocíamos. Había una pequeña estufa, y con eso y el aislamiento de las paredes, era más que suficiente. Alguna noche ni cerré el saco.

Mis botas son más o menos igual de viejas. Las compré pagando en pesetas… Son las que llevo siempre en invierno, y de momento aguantan bien y no me calan, pero no sé si aquí serán demasiado ligeras. Al final me valieron para lo que llegué a hacer. Se me enfriaron un poco los dedos, pero más o menos como me pasa aquí.

Una vez instalados, subimos un poco para aclimatar. No mucho, apenas doscientos metros hasta el siguiente grupo de contenedores. No estoy seguro de si aquello sigue siendo Garibashi. Seguramente no. De hecho, hasta que volví no me enteré de que Barrels era solo los contenedores de abajo, y que nosotros estábamos en Garibashi. Así que igual aquello ya es otra cosa diferente. A lo largo de la ladera, desde el remonte de esquí, está todo lleno de contenedores durante bastante distancia. Y cuando se acaban, sigue habiendo muchas tiendas de campaña. Nos llama la atención un refugio con un aspecto muy futurista que está a mano izquierda en la subida. Según el guía, lo han hecho unos italianos y tiene todas las comodidades imaginables.

Bueno, nosotros tampoco estamos mal. La habitación está bien y la comida es buena, como luego comprobaríamos.

La subida es cómoda. Una pequeña cuesta antes de un edificio en obras (o abandonado). Nos quedamos allí un rato y volvemos a bajar. Vamos a comer a otro contenedor que hace las veces de comedor. Allí hay dos cocineras, cada una responsable de la mitad del espacio. La comida no está mal, pero hay tanta gente que no podemos estar allí fuera de nuestro horario. Nada más acabar hay que irse, porque viene otro grupo.

Lo que más echo de menos es precisamente tener un espacio donde pasar el rato. Al final queda mucho tiempo libre, y el único sitio donde podemos quedarnos es la habitación. Aquí no hay nada más. Toda esta área está repleta de contenedores. En general son azules, de buen aspecto y parece que bien aposentados en el suelo, pero hay algunos tremendamente viejos, colocados de cualquier manera y afianzados con cuatro palos. Dan algo de miedo, parece que se van a caer en cualquier momento. Sin duda, la peor zona son las letrinas. No parece que se cuiden mucho. Son las típicas letrinas de agujero en el suelo, pero la limpieza de la zona es nula, y los residuos se acumulan seguramente desde hace años. El olor es realmente repugnante.

Como la tarde se nos hace bastante larga, volvemos a subir la misma distancia que hicimos por la mañana, por entretenernos con algo.

Al día siguiente hacemos otra excursión, esta vez un poco más larga. Subimos unos mil metros hasta Pastukhov Rocks, una formación rocosa que hay más arriba. Esta vez es una subida más dura. La altitud se va notando. El camino no presenta ninguna dificultad. Es una ladera enorme y hay que subir andando tranquilamente. Hay huella bien definida, y el único problema que puede haber es que te atropelle una quitanieves.

Al llegar a Pastukhov Rocks estoy bastante cansado. Hasta la cima queda más o menos la misma distancia que hemos hecho hasta aquí, así que me da la impresión de que va a ser bastante duro, pero como vamos a salir muy temprano y no hay prisa, espero llegar sin mayores problemas. Lo más molesto es llevar el ritmo del guía: un paso tan cansino que cuesta más trabajo mantenerlo que si fuéramos algo más deprisa. Entiendo que haya que ir despacio, pero ese ritmo es horroroso. Me pasó lo mismo en el Kilimanjaro.

Volvemos para abajo. El resto del día descansamos. Lo habitual sería descansar un día más, y subir al siguiente, pero el tiempo puede empeorar y vamos a salir mañana. No hay mucho tiempo para reponerse, pero me encuentro bien.

A la cama tempranito, que a las once de la noche desayunamos y a las doce nos ponemos en marcha.

Creo que he dormido algo, aunque no mucho. Pero nos levantamos todos bien, con ganas e ilusionados. La noche es espectacular. No hace nada de frío, no sopla el viento… Una verdadera pasada. Ahora sí que me parece que esto puede acabar bien.

Un desayuno rápido y para arriba.

Pasito a paso, pasito a paso… Lo que cuesta coger el ritmo de caracol este que nos hacen llevar. O bien das dos pasos y te paras para no chocarte con el de delante y luego sigues, o te quedas con el pie en el aire, aguantando la postura un momento para luego avanzar. Sea como sea, es cansadísimo andar así. Bueno, paciencia.

Va subiendo mucha gente, y mucha más nos adelanta con los quitanieves. Van a llegar hasta bastante más arriba, con lo que se ahorrarán muchísima subida, pero no le veo la gracia a llegar así a la cima. En fin, cada uno tiene sus inquietudes, y si les basta con hacerse la foto en la cumbre, allá ellos.

Nosotros a nuestro ritmo, parando cada hora y volviendo a empezar.

La verdad es que estoy muy cansado. Creo que sobre todo por el ritmo de avance. Al final más o menos voy cogiendo el paso para adaptarme, y la última parte la hago bien, sin tener que detenerme, moviéndome muy despacio.

Llegamos a Pastukhov Rocks de nuevo. Otra parada y seguimos.

Ya no sé cuánto tiempo llevamos andando, pero en un momento dado miro a la derecha y veo que allí a lo lejos se ve un resplandor. ¡Va a amanecer! Espectacular. Con luz se ve todo mucho mejor, y aunque no soy yo mucho de sol, estoy deseando que salga de una vez. Sabremos cuánto queda, lo que hemos hecho, y viendo todo lo que hay alrededor el ánimo se levanta. Hasta ahora no hemos visto nada más que quitanieves, luces de frontales por toda la ladera y las propias botas dando pasitos.

Estoy como loco de contento, y de repente… Todo se va a hacer puñetas.

Empieza a soplar el viento. Pero mucho viento. Así sin más. El viento arrastra nieve y en un par de minutos tenemos encima un vendaval. Hace un instante se estaba iluminando todo, y ahora ya no se ve nada. Durante un rato espero que sea algo pasajero, pero acabo dándome cuenta de que esto no va a parar. Empieza a hacer frío de verdad. Hay que ponerse las manoplas o se nos congelan los dedos.

Seguimos subiendo un rato. Llegamos a una vieja quitanieves medio hundida en la nieve y allí nos detenemos. Vemos que todo el mundo que había subido antes que nosotros, andando o a motor, empieza a bajar escopetada. La cosa no pinta bien. El guía nos pregunta qué queremos hacer, y no hace falta discutir mucho rato. Está claro que hay que bajarse.

El descenso lo hacemos más rápido. No hay más problemas y acabamos en el refugio sin novedad.

El tiempo ha empeorado definitivamente. No para de nevar, así que no habrá otra oportunidad. Siempre es una desilusión que el tiempo estropee los planes en la montaña, pero en un viaje así es mucho peor. Es más dinero, más esfuerzo, más tiempo… Me amarga bastante todo, pero qué le vamos a hacer. Así son las cosas y no hay nada que hacer.

Sin muchas energías preparamos las cosas y a la mañana siguiente bajamos de nuevo hasta el hotel. Luego al aeropuerto… Y de vuelta a casa.

Es una pena quedarse con la miel en los labios, pero no se puede luchar contra los elementos. Ya habrá otra portunidad, aunque de momento me dedicaré a montañas más bajitas.
Archaeological site

Estación Garabashi

Estación Garabashi

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