Time  6 hours 6 minutes

Coordinates 1157

Uploaded June 24, 2014

Recorded June 2014

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near Rebollar, Valencia (España)

La manada de El Perro Verde BTT se dispone otro sabado más a salir de la ciudad y sus aburridas rutinas para pedalear por un circuito que comparte parte de sus tramos con la Ruta por Requena a la que no pude asistir. Lo han venido a llamar —aunque la verdad es que no lo encuentro tan terrible— el Rutón del Rebollar.

Al ver el perfil de la ruta esta vez he pensado en mi desfallecimiento por el Gorgo, y lo bien que va dosificarse las subidas, así que he marcado en el track las cimas para saber en todo momento los kilómetros de cuestas (o de bajadas) que quedan por delante.

Tras el viaje hasta El Rebollar y un pequeño tentempié en el bar del área de servicio comienza la ruta cruzando la autovía por el puente y atravesando El Rebollar, que realmente es una de las 29 pedanías de Requena. Hoy veremos dos.

Nada más empezar ya empiezan los equívocos siguiendo el camino. ¡Y eso que llevo el GPS! Cuando por fin enfilamos el camino correcto, me pregunto si no será mejor guiarse por las estrellas. Vale que son las ocho y media de la mañana, pero aún así puede que sea más fiable que seguirme. Y lo que nos esperaba era una subida dura, de piedra cortada, empinada y difícil de rodar.

Tras llegar a la cima llaneamos por un par de sendas hasta bajar al barranco del Fresnal, cuyo valle recorrimos unos pocos cientos de metros. Lo bueno se acaba pronto y comenzamos de nuevo a subir, recorriendo unas pistas increíblemente rectas que se pierden en el horizonte…

¡Pero de pronto, el track gira noventa grados a la derecha! Empezamos a bajar por una medio senda, medio trialera que sigue el camino del «Barranco Malo» —en serio, el barranco se llama así— en el que, para variar, Damián y yo bajamos a nuestro aire. Afortunadamente ya empiezo a coger un poco de confianza en estos menesteres y ya no voy parando continuamente. Incluso me da miedo coger demasiada confianza, porque es un claro síntoma de que la gran primera hostia se aproxima.

Al grito de «¡Aquí llega la caballería!» llegamos por fin a reunirnos con los demás, que ya estaban esperándonos en un amplio cruce de caminos. Nos encontrábamos muy cerca de nuestra primera meta: Hortunas.

Quedaba una pequeña bajada en la cual, como siempre, bajo tocando el freno de forma más que prudente y eligiendo la trazada con menos baches posibles. Teniendo ruedas de 29x2.2 y tacos como dados de jugar al parchís no debería preocuparme por eso, pero los vicios de ir toda mi vida subiendo montañas con una bicicleta de paseo pasan este tipo de facturas. Así que coincidió en un momento un toque de freno con José Vicente intentando adelantarme. Como resultado, se fue al suelo. A la velocidad a la que iba no quería ni mirar del susto que me entró. Pensé que se habría matado, o peor aún, que se había partido el cuello como cuando se cayó bajando el escalón en la ruta por Estivella. José Vicente cuando cae actúa como el mundo circense, buscando el «más difícil todavía». Por lo visto le dió tiempo a frenar lo suficiente, pero se fue al suelo igual. Afortunadamente no se hizo ni un rasguño, pero no es plato de gusto saber que por intentar adelantarte alguien se caiga al suelo. No puedes evitar pensar que deberías haber ido atrás teniendo en cuenta que bajando no te gusta embalarte demasiado y encima vas frenando y rectificando a deshoras.

Pocos metros más adelante, siguiendo el barranco de la Veredilla nos esperaba Hortunas de Arriba —el Hortunas de Abajo son tres casas en ruina—, donde íbamos a parar a almorzar sentados a la sombra de una tapia, luchando para que las moscardas no se comiesen más trozos del bocadillo que tú.

Este pueblo lo conozco puesto que siempre pasamos en los viajes Valencia-Cuenca reivindicando con AMA el tren regional. No tiene ni ultramarinos, ni tiendas de nada, ni prácticamente gente. —¿Un pueblo sin bar, dices? ¡No me lo creo!—, pues sí, así es. Un hogar del jubilado que sólo abre de vez en cuando, y esta vez… ¡Estaba abierto! Tras muchas semanas, una ruta con bar, con cerveza, con quemaditos, con café… Pero no nos detengamos mucho, que queda mucho camino, y los contratiempos aún no han llegado.

Nada más salir del pueblo recibo una llamada de Damián: «Christian ha roto la cadena. Estamos aquí arreglándola». De acuerdo, pero cuando nos ponemos de nuevo en marcha, otra llamada de Damián: «Christian y yo hemos llegado a un cruce y no sabemos por dónde tirar. ¿Es recto o a la derecha?». No me acuerdo ni de lo que cené ayer, me voy a acordar de uno de tantos cruces de caminos que he pasado por la mañana. Tres personas con GPS y los tres en cabeza. ¡Y menos mal que había cobertura!

Cuando los encontré, mil doscientos metros atrás, vi grotescas escenas de supervivencia extremas que podían ser sacadas de «Viven» o peor aún, del «Saló» de Pasolini… Bueno, realmente no. Simplemente me esperaban, pero hay que dar carnaza a los lectores. Lo mismo hace Telecinco y no le va mal.

Hay días que te quieren poner a prueba. Yo, que hace al menos tres años que no pincho mi Orbea que uso a diario, que la última vez que pinché la de montaña fue a principios de marzo, reviento la rueda de atrás de forma espectacular. Se quedó sin aire en menos de un segundo y para colmo, al inflar la válvula (presta tenía que ser, la cabrona) doblo la rosca del obús de una forma que no sé cómo aguantaría… ¡Y hoy sólo hay dos bicis de 29!

Y como sólo hay dos bicis, si otra tiene que pinchar, efectivamente ha de ser la de Luis, que para colmo parece que perderá aire el resto del día.

Lo mejor de la mañana, para mí, está a punto de llegar. Una bajada de 170 metros de cota por una pista en condiciones hasta el río Magro, revirada, muy inclinada y con curvas y contracurvas de 90 grados bajando la misma ladera de la montaña.

Por desgracia, ahora, desde el lecho del río, las antenas a las que teníamos que llegar parecen aún mucho más altas mientras que el calor y el cansancio ya son más que evidentes. Sólo eran seis kilómetros de subida, pero eran 287 metros a subir y la frustración salta por los aires. «He quedado a las dos, mi mujer me mata», «¡Necesito parar un rato!» o el clásico «¡No puedorlll!»… El que no podía por tiempo, no podía por fuerzas. Rafa quería llegar a la trialera, que era el plato fuerte del día, pero se quedó con las ganas en la puerta. El resto prefirió bajar ladera abajo hasta la vía de servicio de la A-3, que en dos kilómetros nos dejó en el punto de partida. Allí la típica cerveza post-ruta tuvo que hacerse a lo rápido y por pura deshidratación, bebiendo de un botellín mientras se cargaban las bicis en la baca.

Ha sido una ruta algo deslucida por su final, y aunque ha tenido tramos tremendos, finalmente va a quedar como «El anticipo de Bronchales».

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Saliendo a la aventura

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Antes de salir del asfalto

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Reagrupando en el valle

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Llegando a Hortunas

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Almuerzo en Hortunas

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¡Ruta con bar!

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Llegando a la sombra

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Reparando cadena

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Reparando mi pinchazo

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Toro borracho

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Caras de esfuerzo

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Pinchazo de Luis

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El pis del camino

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La escapada de Rafa

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Falta muy poco para coronar

1 comment

  • Photo of El Perro Verde btt

    El Perro Verde btt Jun 30, 2014

    "Cuando los encontré, mil doscientos metros atrás, vi grotescas escenas de supervivencia extremas que podían ser sacadas de «Viven» o peor aún, del «Saló» de Pasolini… Bueno, realmente no. Simplemente me esperaban, pero hay que dar carnaza a los lectores. Lo mismo hace Telecinco y no le va mal."
    Para enmarcar........

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