Coordinates 4984

Uploaded October 10, 2016

Recorded October 2016

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near Markina-Xemein, País Vasco (España)

Lo primero que he de decir es que el final lo tenía previsto hacer en Castro Urdiales pero lo tuve que alargar por motivos que luego explicaré.
Me levanto cuando los peregrinos de a pié están saliendo del albergue a eso de las 7 de la mañana. Pese a los ronquidos he descansado bastante bien y me levanto en mejores condiciones de lo que esperaba después de la paliza de ayer. Hoy tengo previsto abandonar el País Vasco y dejar las penurias, ya que se supone que Cantabria es más cómoda. Pero antes de eso, todavía tengo que recorrer media Euskadi y subir unos cuantos puertos, así que la paliza está garantizada.
El albergue proporciona algo de desayunar así que tomo un poco de fuerzas para iniciar el camino poco antes de las 8 de la mañana. Enseguida salgo de Markina ya que el Albergue, además de estar en pleno Camino, también se encuentra a las afueras. Se cruza el río Artibai y se circula por una bonita senda que discurre junto al río. La senda enseguida se convierte en un cómodo camino así que el comienzo es muy placentero mientras voy adelantando y saludando a todos lo peregrinos con los que he compartido albergue. El día está gris y todavía no ha levantado cuando se llega a Bolibar, cuna del libertador Simón Bolivar.
Tras abandonar Bolibar comienza un duro tramo de 2 km hasta llegar al Monasterio de Zenarruza. El camino es duro pero muy bonito aunque tenga que hacerlo andando la mayor parte del mismo, ya que se trata de un tramo de calzada romana muy bien conservada. Había leído que muchos bicigrinos optan, bien por alcanzar por carretera el Monasterio, o bien directamente por no pasar por el mismo y coger la carretera para evitar penurias. Y es cierto que se pasa algo de penuria para atravesar la calzada romana, pero no logro comprender como la gente prefiere prescindir de uno de los tramos con más historia de este Camino y ya no sólo lo digo por la espectacularidad del Monasterio sino por la propia calzada en si misma. Así, después de un buen sofocón llevando la bici a cuestas, y cuando el día parece que empieza a levantar, llego al Monasterio. Se me había olvidado comentar que además de ser calzada romana, el camino también es en subida lo que complica todavía más el avance. Hago una parada para poder contemplar el Monasterio y meterme dentro para curiosear un poco.
Tras deleitarme con la visita y el entorno del Monasterio continúo el camino, esta vez por lo que veo en el track toca descender así que será un tramo para disfrutar... Pero la verdad que no es así, las bajadas presentan tal pendiente que se ha optado por la construcción de unas bonitas escaleras de madera, que le facilitan la vida al peregrino pero nos la complican a los que vamos en bici, así que la bajada del Monasterio es tan tortuosa o más que la subida. Eso si, el entorno sigue siendo espectacular así que también merece la pena hacer la bajada aunque sea andando los tramos de escaleras.
Esta claro que el camino no está pensado para los que vamos en bici, pero no quiero ni imaginarme como lo tienen que pasar los que va a caballo... Supongo que tendrán que dar la vuelta y buscar otra alternativa. Creo que era también por esta zona donde me encontré una serie de cancelas cerradas a cal y canto con candado que no terminé de entender que sentido tenía.
Una vez se termina el descenso se toma un camino donde se van alternado caseríos y pequeños pueblos que a mi por lo menos, me dieron la sensación de no saber nunca donde estaba. El recorrido, no obstante, es muy bonito y no demasiado exigente así que enseguida se llega a Gernica. Aquí hago una pequeña parada para desayunar en condiciones, aunque ya es media mañana. Supongo que algo interiormente me hacía prepararme para lo que me iba a encontrar a continuación.
El tramo más insufrible que me encontré en todo este Camino está nada más salir de Gernica. Se sale por una especie de paseo que nada hace presagiar lo que viene a continuación, pero al abandonar el asfalto y doblar una curva uno se encuentra con un muro imposible. No es sólo que la pendiente sea muy alta, sino que el propio camino está tallado en la piedra y es imposible.
Tras un esfuerzo descomunal, hacer innumerables descansos para tomar algo de oxígeno, de acordarme de toda la familia del que se le ocurrió hacer que el Camino siguiera esa ruta y algo así como una hora para superar los 3 km de este tramo, se llega a una zona rompepiernas donde por lo menos se puede ir sobre la bici.
Finalmente enlazamos con la carretera BI-2713 que cómodamente, en un descenso de 5 Km, sigo hasta llegar a Larrabetzu, donde se puede decir que vuelvo nuevamente a la civilización. Desgraciadamente, esta entrada en la civilización significa rodar por carretera durante un buen rato, y a buen ritmo, pasamos por Lezama y Zamudio. Constantemente nos sobrevuelan aviones así que está claro que nos encontramos en las proximidades del aeropuerto. Con la velocidad que llevo y el entorno urbano por el que voy, tengo la sensación de que enseguida me voy a dar de bruces con Bilbao, pero al girar a la izquierda en Zamudio y cruzar la autovía del corredor del Txorierri me encuentro un muro vertical que me recuerda que todavía tengo que subir al monte Avril. Se me viene el mundo encima porque no me acordaba ya de este paso y estaba mentalmente ya paseándome por las calles del Bilbao. Y lo que es peor, la subida es brutal, gran parte de la misma la tengo que hacer arrastrando la bici porque es imposible, al menos para las fuerzas que me quedan...
Eso si, cuando se alcanza la cima, las vistas son impresionantes y la bajada hasta Bilbao espectacular. No tengo claro si recomendar hacer el esfuerzo de subir al monte Avril o por el contrario indicar al personal que lo evite así que lo dejo a elección de cada uno.
Finalmente alcanzo Bilbao, ciudad que ya conozco así que intento buscar donde comer que ya he hecho hambre, y mucha. El descenso termina en las calles del centro de Bilbao, que son un buen lugar donde comer muy bien pero teniendo en cuenta que es domingo, prefiero salir del bullicio y comer más adelante.
Cruzo la ría después de pasar junto al teatro Arriaga y tomo el paseo que me va a llevar hasta el museo Guggenheim, que bien merece una larga parada para todo aquel que no lo conozca. El paseo por el carril bici de la ría es muy placentero aunque iba más pendiente de encontrar un lugar donde comer tranquilamente.
Después de la comida vuelvo a cruzar la ría por el puente de Deusto y voy bajando hasta llegar al puente colgante de Getxo, toda una revolución de la ingeniería. No tengo claro por que orilla discurre el Camino, pero como mi idea era pasar por el puente colgante decidí recorrer la margen derecha.
La salida de la civilización es de lo más curiosa y es que al cruzar la ría del Nervión se coge una calle de Portugalete en subida con escaleras mecánicas que ayudan a superar la pendiente si uno se encuentra falto de fuerzas.
Para terminar de salir de la gran metrópoli tomamos un carril bici que nos va a llevar cómodamente hasta la playa de La Arena. Al principio el camino es en subida hasta que se llega a Ciérvana. Luego ya sólo hay que dejarse llevar y disfrutar de la bajada hasta que se llega a la playa. La dificultad del Camino hasta la llegada a Bilbao se ha transformado, de momento, en un placentero paseo. No conocía este rincón de Euskadi, es más, no me atraía para nada por encontrarse en las inmediaciones de la gran refinería, pero he de reconocer que me ha sorprendido muy grátamente. De hecho, decido hacer una larga parada, no tanto para descansar, sino para disfrutar del entorno. La playa estaba muy poco concurrida porque la mañana había sido fresca, aunque ya estaba levantado y la temperatura era más que agradable e incluso llamaba al baño.
La playa se cruza por una senda que discurre por la zona de dunas hasta alcanzar el pueblo de Pobeña. Para salir de aquí hay que tirar de riñones para subir la bici por la gran escalinata que nos vamos a encontrar. No obstante, el esfuerzo, como casi siempre, vuelve a merecer la pena. Nos vamos a encontrar con uno de los tramos, si no el que más, más bonitos del Camino del Norte. Las Vías Verdes de Itsaslur, en Vizcaya, y del Piquillo, en Cantabria.
La Vía Verde de Itsaslur resulta espectacular, colgada sobre los acantilados siguiendo el antiguo trazado del ferrocarril minero de El Cobarón a Campomar. Con unas amplias vistas del litoral Cantábrico de fondo, restos de arqueología industrial apuntan el trasiego minero de siglos anteriores y diversos paneles nos informan sobre la fauna y la flora, el ancestral arte de recoger algas y, cómo no, de las antiguas explotaciones de hierro.
Esta primera parte tiene una longitud de poco más de 1 km y merece la pena recorrerlo pausadamente para disfrutar completamente de todo su esplendor. Este tramo termina al llegar al parking en Cobarón.
Poco después de pasar el parking dejamos el camino que lleva a Cobarón, por la derecha para recorrer la Vía Verde del Piquillo, abandonar brevemente la costa y circular más hacia el interior, encontrándonos restos de otras épocas. Enseguida nos vamos a encontrar con la joya de la vía, el tunel del Piquillo.
Lamentablemente estas Vías Verdes no son muy extensas y enseguida el disfrute llega a su fin cuando llegamos a la altura de un cargadero y nos disponemos a pasar bajo la autovía. Nada más pasar bajo la autovía hay que dejar la carreterilla por un camino con fuerte pendiente que desemboca en la curiosa playa de Ontón. Y digo curiosa porque no se trata de una playa de arena sino que se trata de una cala donde la gente se tumba en la yerba a tomar el sol.
Subimos atravesando el pueblo hasta llegar a la carretera N-634 y disponernos a subir el mítico puerto de Saltacaballo. Todavía recuerdo cuando con 14 años íbamos de vacaciones a Santander y tardábamos más de 6 horas en hacer un recorrido que hoy se hace en menos de la mitad de tiempo. Pero lo peor del recorrido era el dichoso puerto que no se por qué siempre tenía unas retenciones tremendas y era un suplicio superarlo.
Seguimos este antiguo recorrido hasta que abandonamos la carretera antes de llegar a Mioño, para bajar por un camino con mucha pendiente hasta su playa. Cuando llego a este bonito rincón la temperatura ya es muy buena y la playa está bastante concurrida. Ciertamente es un lugar para perderse ya que rebosa tranquilidad porque parece que está apartado de la muchedumbre. Si disponemos de un poquito de tiempo podemos desviarnos del Camino y llegar por el antiguo recorrido del ferrocarril minero hasta el único cargadero que queda en pie.
Continúa el Camino por una senda en fuerte pendiente que discurre junto a un restaurante que nos lleva, por unos acantilados junto al Cantábrico, hasta la cercana y preciosa localidad de Castro Urdiales. Conozco la bonita villa, que bien merece la pena una visita, así que aquí pensaba hacer el final de etapa pero cuando llego al albergue me dicen que está completo y no me dan ninguna alternativa salvo continuar. Con la tranquilidad que me estaba tomando la última parte de la etapa ahora voy a tener que correr para encontrar donde dormir.
No hago mucho esfuerzo por intentar localizar donde dormir en Castro porque están en fiestas y auguro complicado encontrar cama. Me comentan que el siguiente albergue lo encontraré en Islares, a 8 km, así que para allí me dirijo con premura ya que son ya las 7 de la tarde. Cuando llego al albergue de Islares no está el hostalero y alguno me recomienda bajar al camping a buscar cama ya que además, es allí donde hay que ir a buscar donde cenar. Voy hasta el camping pero me vuelvo a encontrar con la imposibilidad de encontrar cama. No obstante, como me comentan que el siguiente albergue se encuentra sólo a 2 km, en El Pontarrón, hago un descanso y paro a cenar en condiciones. Tras cenar tranquilamente retomo la marcha en dirección al albergue. Paso por Nocina y llego a Guriezo, y como ya llevo bastantes kilómetros y no me cuadran las cuentas decido preguntar. Descubro que por ser fiel al recorrido no he pasado por El Pontarrón y he dejado atrás el albergue. Como no me quedan ganas para desandar el camino, y además pasa por allí el propietario del hotel que tengo frente a mi, decido ponerle fin a este día aquí mismo, cueste lo que cueste ya que son más de las 10 de la noche. Al final he hecho 131 km así que la idea de dormir en condiciones en una habitación para mi sólo me termina de convencer. Además, resulto que el hotel no era caro para nada y que por la mañana me prepararon un desayuno increíble.
Pese a la kilometrada del día me encuentro muy bien, y como además he hecho bastantes kilómetros de más, ahora podré ir más tranquilo.
Parece mentira lo que puede llegar a cundir el día. Me da la sensación que han pasado varios días desde que salí de Markina o desde que pasé el calvario en Guernica, y sin embargo ha sido esta misma mañana.

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Bolibar

Bolibar
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Monasterio de Zenarruza

Monasterio de Zenarruza
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Monte Avril

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Basilica de Begoña

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Museo Guggeheim

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Getxo. Puente colgante

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Playa de La Arena

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Vía Verde de Itsaslur

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Vía Verde del Piquillo

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Playa de Mioño

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Castro Urdiales

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