Time  2 hours 46 minutes

Coordinates 1000

Uploaded October 9, 2015

Recorded May 2012

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near Berga, Catalunya (España)

Desde Berga a Foix, pasando por Gòsol, Bagà, Coll de Pendís, Bellver de Cerdanya, Puigcerdà, Puymorens, L'Hospitalet, Orlu, Comus y Montsegur. En total 265 km y 7600 m de desnivel en siete etapas:

Berga-Saldes: 50 km y 1800 m de desnivel
Saldes-Refugio de Sant Jordi: 35 km y 1400 m.
Ref. Sant Jordi-Porta: 55 km y 1350 m.
Porta-Orlu: 43 km y 1200 m.
Orlu-Comus: 32 km y 1000 m.
Comus-Montsegur: 20 km y 300 m,
Montsgur-Foix: 32 km y 1000 m.

A principios de septiembre de 2009 recorrí solo el camí dels bons homes en siete etapas. Ha sido una experiencia increíble y me gustaría compartirla por si alguien está pensando en prepararla. Empecemos por el principio, con antecedentes, y luego os cuento sobre la ruta.

A finales de mayo empecé a plantearme la idea de hacer una ruta de varios días en bicicleta. El camí dels bons homes fue uno de los primeros que encontré con estas características y había una guía para la variante en bicicleta de montaña. Los comentarios que leía destacaban lo dura que es, pero todos coincidían en que merece la pena. Me fui equipando poco a poco mientras iba haciendo salidas los fines de semana y probando el material, viendo los inconvenientes e imprevistos que surgen durante la ruta.

Con disciplina espartana amanecía a las siete los sábados para subir cuestas e ir entrenando. Empecé con etapas de 40 km y menos de mil metros de desnivel y poco a poco me iba encontrando cada vez más a gusto sobre la bici. Cargué las alforjas con mantas para simular el peso que llevaría en el viaje y me recorrí gran parte de la provincia y aledaños. Vivo en Barcelona y gracias al entrenamiento he conocido la cara oeste de Collserola y todo el bosque espectacular que hay detrás del Tibidabo. He disfrutado de vistas espectaculares de la ciudad, desde el Llobregat hasta más allá de Badalona con sólo mover la cabeza a izquierda y derecha. Entrenando he subido al Montseny, he conocido las montañas de Tarragona, el Corredor del Montnegre, el parque de la Serralada Marina, La Garrotxa, el valle de Àger en Lleida... sí que he visto mundo, sí.

El entrenamiento también me ha servido, como decía antes, para darme cuenta de los inconvenientes que pueden surgir en una ruta. Los pinchazos son casi el menor de los problemas que puedes tener. En una ocasión calculé mal el desnivel de la etapa y lo que me había planteado como una ruta de medio día se volvió poco menos que una pesadilla en la que los últimos diez kilómetros me hicieron sufrir como nunca antes, hasta la extenuación. Aquel día aprendí a llevar siempre más comida y agua de la necesaria y también a plantear el perfil de la ruta según el sentido de la marcha. También la caída del primer día que salí a entrenar me enseñó la importancia de los llevar buenos neumáticos y la presión correcta en las ruedas. Un punto en la rodilla me tuvo parado sin poder entrenar casi dos semanas.

Los fines se semana me tiraba al monte, como las cabras, y entre semana seguía el entrenamiento en el gimnasio haciendo el hamster en la bicicleta estática. Sobra decir que se va mucho mejor con el viento en la cara, por supuesto. Cada vez que salía a la montaña me encontraba más en forma, me costaba menos trepar por rampas de las que normalmente dan susto.

Acabé comprando un GPS cuando vi que todo el que publica rutas en bici de montaña lo hace en formato para GPS. Es bastante difícil encontrar rutas descritas y, todo hay que decirlo, seguir rutas en papel es más engorroso que ir viendo el caminito en la pantalla. Sobre todo me ha sido útil para entrenar, porque sólo tenía que descargar el archivo de la ruta al GPS y salir. Si hubiera tenido que entrenar con rutas en papel habría acabado repitiendo muchas rutas y me habría perdido más de lo que me he perdido con el GPS.

Pasé mucho tiempo investigando sobre la ruta, preparando las etapas para compensar distancias y desniveles, reservando el alojamiento en albergues con la ayuda de los amigos francófonos y planeando lo que sería la rutina diaria en el viaje. Ahora que he recorrido todo el camino puedo decir que todo este tiempo estuvo más que bien empleado porque tanto la división de las etapas como los alojamientos han sido un éxito y me han permitido disfrutar al máximo del viaje.

Tomando como base la guía de Ignasi Besora editada por Altaïr y después de darle muchas vueltas, estas son las etapas diseñé:

Berga-Saldes: 50 km y 1800 m. de desnivel
Saldes-Refugio de Sant Jordi: 35 km y 1400 m.
Ref. Sant Jordi-Porta: 55 km y 1350 m.
Porta-Orlu: 43 km y 1200 m.
Orlu-Comus: 32 km y 1000 m.
Comus-Montsegur: 20 km y 300 m,
Montsgur-Foix: 32 km y 1000 m.

Y lo puse todo junto con las imágenes de los perfiles y la información de los albergues en una hoja de ruta que podéis descargar abajo. Dejé una copia en casa bien explicada para casos de emergencia.

También adjunto el archivo de los track para MapSource y el archivo kmz para ver la ruta en 3D en Google Earth, impresionante.

El equipo:

Merida Matts HFS 1000 XC
Portamantas Old Man Mountain Sherpa (sujeto al eje)
Alforjas MSX Mainstream impermeables
GPS Garmin eTrex Legend

Se acercaba la fecha del viaje y lo tenía casi todo. Unas compras de última hora y la semana antes ya tenía la "maleta" preparada. En las alforjas metí:

Dos culotes
Dos maillot
Calcetines
Herramientas, parches, bombín y una cámara de recambio
Unas bridas de plástico
Una navaja pequeña
Pilas para el GPS y el cuentakilómetros
Camiseta de manga larga
Cortavientos
Pantalón largo
Mallas largas
Sobres de glucosa y frutos secos
Chanclas
Una toalla de fibra ultraligera (50 gramos)
Gel de ducha, pasta y cepillo de dientes
Un par de pastillas para la diarrea y paracetamol
Toallas húmedas
Teléfono móvil y cargador
Saco de dormir ultraligero (640 gramos)
Un libro
Un boli

En total, cada alforja pesaba 4 kilos, casi ná. El menda lerenda, 84,5 kg., de lo que tomé buena nota para reírme a la vuelta. Creo que salvo las herramientas para arreglar pinchazos, que no me han hecho falta, lo he utilizado todo, así que no puedo decir que haya cargado con cosas innecesarias. Aparte de eso... un billete de autobús de ida a Berga y la hoja de ruta, de la que dejé copia en casa por si pasaba algo.

Día 1: Barcelona-Berga

Salí por la tarde hacia Berga en autobús. De camino, tenía una sensación rara, como de incertidumbre. Tenía muchas ganas de hacer el viaje, pero también me habría gustado quedarme en casa con Marta y pasar unos días tranquilo, de fin de semana permanente. Supongo que también tenía algo de miedo a lo desconocido, a llegar a una ciudad, buscar el albergue... en definitiva, a ejecutar el plan que llevaba tanto tiempo preparando.

En Berga ya estaba anocheciendo, pero me pude orientar bastante bien para encontrar el albergue. Un dormitorio con mucho espacio para mí y mi bici. En la cena me atiborré de ensalada, arroz y albóndigas y me fui a dormir temprano. Como de costumbre, caí a plomo y perdí la consciencia al poco de poner la cabeza en la almohada. Creo que no llegué a despachar ni tres páginas del libro.

Día 2: Berga-Saldes

Amanecí a eso de las ocho con el despertador y me empujé el desayuno como pude, porque hambre, hambre no tenía después de la abundante cena. Pero había que hacer un esfuerzo para ir bien de energía en la primera etapa, que ya sabía iba a ser de las más duras del recorrido. Preparar las alforjas se me hizo un poco raro, pero ya tendría tiempo durante el resto del viaje de automatizar esta tarea matutina.

Salí a las nueve y desde el albergue fui subiendo hacia el cruce del Santuario de Queralt, donde empezaba la pista forestal y también mi viaje. Aquí es donde hice las primeras fotos.

La pista subía bastante suave y antes de darme cuenta ya estaba en el primer puerto del día. Aún me quedaban más de 30 km por delante y otro puerto más, pero me sentí muy bien al ver que había llegado hasta ahí con relativamente poco esfuerzo. La bici iba realmente bien y seguiría así el resto del viaje. Salvo un pequeño traqueteo de las alforjas al dar con el soporte, el resto del material funcionaba de maravilla... y también mis piernas.

Paisajes espectaculares y vistas alucinantes del pantano de Baels en estos primeros tramos. Antes del segundo puerto paré a comer, pero había tantas moscas que apenas pude estar una hora. Iba comiendo kilómetros y no notaba el cansancio, pero sabía que tenía que dosificar.

A unos 15 kilómetros del final noté un pinchazo en el muslo izquierdo, cerca de la rodilla, que me hacía muy difícil apretar con la izquierda. El dolor iba y venía, así que tras una parada en Gósol pude acabar la etapa en el camping El repós del Pedraforca, poco después de Saldes.

Llegar al final de la primera etapa fue un poco desconcertante porque no tenía muy claro el orden de las tareas que debía hacer. Después aprendería que el orden, nada más llegar y entrar en la habitación es:

Desmontar las alforjas y el saco de la bici
Estirar las piernas
Darse una ducha
Poner la ropa, la toalla y las chanclas a secar
Comer algo (frutos secos, barritas de cereales) y seguir bebiendo mucha agua
Repasar la bici para hacer pequeños ajustes
Leer hasta la hora de la cena
Cenar sobre las 19:00-19:30
Preparar la ruta del día siguiente, leer un poco más y seguir bebiendo agua
Irse a dormir sobre las 21:30-22:00

Rebuscando entre el material del bunga de lona donde me quedé encontré la solución perfecta para el traqueteo de las alforjas: bayeta de cocina. Con dos tiras sujetas en el soporte se amortiguan los pequeños golpes que se dan contra el soporte. A partir de entonces no volví a oír las alforjas.

Día 3: Saldes-Refugio de Sant Jordi

Este segundo día ya automaticé la rutina de por la mañana:

Pis y lavarse la cara
Desayuno
Recoger el saco de dormir, la ropa e ir montando las alforjas
Segunda visita al baño para hablar con Roca
Llenar el bote y la mochila de agua
Estirar las piernas
Poner todo en su sitio y salir

De camino al refugio del Gressolet volví a sentir el dolor en la pierna. Empecé a desesperarme un poco y al ser cerca de la rodilla, pensé que si era el tendón, no iba a poder seguir dando pedales un día más. El pinchazo iba y venía, así que pude llegar hasta Bagà un rato antes de la hora de comer.

Saliendo de Bagà paré a comer en un área de descanso con mucha sombra y un río con agua estupenda y fresquita que me sirvió para enjuagar un poco el maillot del día anterior. Decidí llamar a Javi, mi viejo amigo y compañero de muchos kilómetros en bici, que es fisioterapeuta. Después de darle mucha envidia por el viaje que estaba haciendo, le pregunté por el dolor de la pierna. Con unos movimientos descartó el problema de tendones y de hecho acertó de pleno en el diagnóstico y el tratamiento: seguramente se trataba de una microrrotura fibrilar y eso se arregla estirando bien antes de empezar el ejercicio, calentando un poco y volviendo a estirar antes de empezar a rodar en serio. Como la seda, oye. En el resto del viaje seguí al pie de la letra la recomendación y el pinchazo no volvió a molestarme en los más de 200 kilómetros que me merendé. Creo que lo que más me animó fue su frase: "Piensa que este viaje sólo lo vas a hacer una vez en la vida."

Menos mal que dejé atrás el dolor en la pierna, porque la segunda parte de la etapa fue seguramente el tramo más duro de todo el viaje. Y no tanto por la pendiente, sino por la cantidad de kilómetros que tuve que hacer a pie. Para llegar al Coll de Pendís hay que subir primero el Coll d'Escriu por una pista con muchas piedras y una pendiente de aúpa. Puede que algún valiente se atreva a subirla encima de la bici, pero desde luego no con alforjas. Yo sólo me crucé con dos compis ciclistas que iban montaña abajo y tampoco iban muy sobrados con la pendiente.

Después del Coll d'Escriu se bajan unos 300 metros con mucho cuidadito sobre la bici porque la pendiente es terrible. Luego hay que volver a subir hacia el refugio de Sant Jordi por un camino de cabras en el que de nuevo tuve que cargar con la bici. Después de 30 y pico kilómetros no es fácil andar cargando con 20 kilos dando saltos. Sufrí como un condenao para llegar al refugio a eso de las cinco de la tarde. Fin de la etapa más dura del viaje y descanso más que merecido.

El refugio está totalmente aislado y sólo se puede llegar andando. El punto más cercano en coche es el Coll de Pendís, un kilómetro más arriba. No me quiero ni imaginar cómo se lo pasa Toni, el guarda del refugio, para cargar las bombonas de butano hasta allí. Pagué más que contento los dos euros que cuesta la ducha de agua caliente.

También me dejó alucinado la cena, abundante y muy bien hecha. Una sopa de calabacín que me recompuso y me abrió el apetito, una ensadala con lechuga, tomate y zanahoria fresca y de tercero butifarras con patatas asadas y alioli. Sabía que lo sudaría todo al día siguiente, así que no me privé de ajo.

Día 4: Refugio de Sant Jordi-Porta

Tengo que decir que me costó un poco tomarme el té caliente y el pan tostado con embutidos. Y es que después de la cena abundante de la noche anterior, todavía tenía un poco del alioli rezumando por los poros. El olor a ajo me iba a durar poco porque, nada más empezar la etapa me esperaba un kilómetro de subida hasta el Coll de Pendís, a 1600 metros. El sendero es precisamente eso, un sendero que sube a desgarrapellejo sobre piedras, troncos y grandes escalones. La bici eran 12 kilos, las alforjas 8 y tuve que cargar con todo al hombro prácticamente el kilómetro entero. Buena forma de empezar el día y la etapa, sudando como un cosaco nada más salir. El ajo de la cena se quedó en aquellas rampas, desde luego.

La bajada hasta Bellver de Cerdanya me hizo olvidar rápido el trago matutino. Hacía fresquito, pero el paisaje del valle era espectacular y la pista estaba en muy buenas condiciones. En Bellver empecé otro de los tramos inolvidables del viaje a través de la Cerdanya. La pista va junto al río en dirección a Puigcerdà, pasando por campos que incluso a finales de verano están verdes. A un lado, la sierra del Cadí que acababa de cruzar y, al otro, Andorra y más Pirineos.

Qué bueno es tener familia repartida por la geografía española. En Puigcerdà comí como un rey en casa de una prima de mis padres, en una terraza con vistas a la sierra del Cadí. Aproveché para lavar la ropa y a las cinco estaba en marcha, dispuesto a afrontar los 16 kilómetros que me llevarían a cruzar la frontera y a pasar la primera noche en Francia.

Los primeros kilómetros vuelven a adentrarse en el mismo valle que recorrí desde Bellver, con el mismo paisaje alucinante. Ya en Francia, la pista va junto a la vía del tren. De hecho, en algunos tramos pisas balastro arrastrando la bici. Luego vas remontando un río por otro valle hasta llegar a Porta, donde pasaría la noche.

Después de la ducha estuve hablando con otro ciclista que venía desde Berga por carretera y aproveché para pedirle un poco de aceite porque el eje trasero venía protestando desde principios de la etapa.

En la cena me empujé dos platazos de espaguetis boloñesa después de la ensalada y los crepes de queso que me sentaron estupendamente. Dispuesto a descansar como un bendito me metí en el saco a la misma hora que unos que habían llegado andando. Lo que no sospechaba es que esa noche no conseguiría dormir media hora seguida.

Al poco de quedarme dormido empecé a notar picores en el cuello, los brazos y los tobillos. Medio dormido, me iba rascando y volvía a dormir. En algún momento me di cuenta de que eran bichos porque encontré uno con los dedos, pero tampoco acerté a salir del cuarto ni a hacer nada para quitármelos de encima. Recuerdo mirar el móvil a eso de las tres desesperado y harto de picotazos. Después de eso pude dormir algo más, pero sin librarme de los bichos hasta la mañana.

Día 5: Porta-Orlu

Os podéis hacer una idea del mal cuerpo con el que te levantas después de haber dormido fatal y con picores por todas partes. En la cama había un montón de bichos aplastados y en las otras literas también, así que me imaginé que los bichos habían campado a sus anchas por la habitación, dándoles el mismo trato a los vecinos.

Se lo conté al otro ciclista, que había dormido en otra habitación y me dijo que en su litera no había encontrado nada y que había dormido muy bien. Deduzco que fueron mis compañeros de habitación los que amablemente trajeron semejante fauna.

El cansancio no lo noté en las primeras horas de la etapa y la subida al primer puerto, Puymorens, fue bastante bien. El tramo se hace por carretera con poco tráfico y no demasiada pendiente. Se suda, pero las vistas desde arriba son impresionantes. Te puedes imaginar todas esas laderas y picos cubiertos de nieve en un par de meses, a más de 2000 metros. De hecho, se veían los remontes de una estación de esquí más abajo.

Poco después del puerto, siguiendo ya por pista, se llega al punto más alto de la ruta, a 2050 metros.

La bajada hasta L'Hospitalet es muy rápida, con mucha pendiente zigzagueando montaña abajo. En algunos tramos eché el pie a tierra porque el sendero se hace estrecho y el más pequeño enganchón de un pedal o una alforja puede hacerte acabar 300 metros más abajo en condiciones deplorables. Mejor ir tranquilo, disfrutar del paisaje y subirse allí donde el terreno lo permite.

El camino también pasa por tramos de pista de esquí de fondo, cubiertos de hierba, sin una piedra ni tierra, muy curioso. En L'Hospitalet seguí el sendero en dirección a Merens Les Valls, pero luego me arrepentí porque a pesar de que en la guía dice que se hace casi todo en la bici, es poco menos que un camino de cabras y hay que cargar un montón con la bicicleta, salvar bajadas para hacer en rappel con cuerdas... Habría sido mejor ir por carretera y el paisaje no habría sido muy diferente.

Después de una parada en Merens Les Valls para comer en compañía de otros viajeros, decidí no subir el segundo puerto del día y desviarme un poco por carretera para pasar por Ax Les Thermes, un pueblo con baños termales y luego adentrarme en el valle de Orlú para el final de etapa. El cansancio de no haber dormido bien y los duros kilómetros cargando con la bici de l'Hospitalet a Merens contribuyeron a tomar la decisión que resultó más que acertada. En Ax Les Thermes descansé tranquilamente visitando el pueblo y aproveché para mandar un par de postales, comprar fruta y pasteles para reponer fuerzas. Unos pocos kilómetros más y ya estaba remontando el río que me llevaría a Orgeix y poco después, a Orlú, final de etapa.

Este valle es muy cerrado, con montañas bastante altas flanqueando los pequeños pueblos junto al río. Mientras hacía los últimos tramos iba mirando hacia el monstruo de montaña que tenía a la izquierda, buscando el paso por el que debería subir al día siguiente, el Coll de L'Osca. Era imposible adivinar dónde estaba el punto más bajo de esa mole que subía 400 o 500 metros justo delante.

En Orlú coincidí con unos excursionistas catalanes a los que acompañé durante la cena. Mientras esperaba a que llegaran, el camarero me ofreció "el aperitivo", una bebida antes de comer. No se me ocurrió otra cosa que pedir Ricart, lo que me sonaba típico de "aperitivo" según me habían contado mis amigos franceses. Lo que no recordaba era que es anís, ni más, ni menos. Uf, ¡qué trabajo me costó beberme la mitad del chupito! Menos mal que la abundante cena me ayudó a quitarme el mal sabor del anís.

Después de la mala experiencia de la noche anterior me pasé un buen rato revisando el saco de dormir y la ropa para asegurarme de que no hubiera bichos. Encontré a uno de los que me habían dado la noche y lo aplasté con saña. Tuve suerte y pude dormir como un leño. Ya no volví a ver más a esos bichos.

Día 6: Orlú-Comus

Nada más salir tenía que subir el primer puerto del día, el Coll de L'Osca. Zigzagueando con poca pendiente al principio fui ganando altitud y disfrutando de unas vistas espectaculares sobre el valle. Allí abajo, pequeñito, estaba el pueblo donde había pasado la noche. Los últimos tramos fueron algo más duros y tuve que hacerlos a pie porque el sendero era muy estrecho, pero no fue tan duro como esperaba.

La bajada de este puerto fue por pistas forestales de tala de árboles. Deben de llevar poco tiempo hechas porque parecía que habían pasado las máquinas removiendo el suelo y creando surcos. Una bajada peligrosa desde luego, con una pendiente muy fuerte, pero que pude hacer todo el tiempo sobre la bici, con cuidadito e intentando darle un respiro a los frenos en las zonas llanas.

Ya había pasado el primer puerto del día sin muchas dificultades, así que la transición hacia el segundo picacho del día me la tomé con calma. Primero por carretera y luego por pista, llegué al Col de Chioula a unos 1600 metros.

Desde ahí prácticamente es todo bajada hasta Comus, salvo por unas cortas rampas después de Prades. El paisaje se vuelve algo más seco, pero también es alucinante.

En Comus encontré el albergue de etapa vacío, pero había unos carteles que indicaban en qué dormitorio dejar las cosas. Curiosa sensación esa de llega a un sitio donde no hay nadie y ponerte cómodo a leer en el sofá después de una ducha.

La cena, junto con un grupo grande de franceses, fue muy divertida. Todos hacíamos las mismas preguntas, "de dónde vienes y a dónde vas". Esta noche me di cuenta de que puedo hablar y entender más francés del que pensaba. Y es que echándole volutad, sí que se puede.


Día 7: Comus-Montsegur

La etapa que me llevaría al punto crucial del viaje se presentaba como un paseo de poco más de 20 kilómetros en bajada, así que me lo tomé con calma al salir por la mañana. Al poco de salir el camino se adentra en un cañón espectacular en el que dos paredes inmensas de roca flanquean el sendero durante un par de kilómetros. ¡Menudo frío hacía allí de buena mañana!

Al salir del cañón la pista se vuelve más llana y va acompañando el río por prados verdes, muy verdes.

Ya por carretera, en dirección a Montsegur, me crucé con un montón de coches antiguos que iban pasando de uno en uno cada poco tiempo. En algunos tramos, el paisaje y el coche de principios del siglo pasado te hacían pensar que estabas viviendo la misma estampa que hace cien años podía verse en ese lugar.

Lo que me habían dicho de Montsegur era que la cuesta era terrible para llegar, pero el perfil de la etapa no miente y efectivamente eran sólo 300 metros de desnivel los que tuve que subir para llegar al final de etapa. Después de lo que había hecho los días anteriores, esto fue de verdad un paseo. Poco antes de medio día ya estaba duchado y había puesto la ropa a secar.

En Montsegur hay 4 calles y después de verano los pocos comercios que hay están cerrados, así que pasé un rato antes de comer leyendo en la plaza de la iglesia.

Acabé comiendo en un hostal que más bien era la casa particular de la dueña. Allí mismo, en el salón de la casa, te sirve lo que buenamente tiene ese día. Ni menú, ni carta, ni precios en la puerta. Tampoco se puede ser escrupuloso cuando te sientas en un mantel lleno de migas y el cristal del vaso ya no es transparente. En cualquier caso, el almuerzo me sentó de maravilla y me decidí a subir al castillo a pie.

Siguiendo el sendero que debería tomar al día siguiente, llegué hasta la base del montículo donde se levanta el castillo. Hay un buen trecho subiendo o casi trepando por rocas, pero las vistas desde arriba bien merecen la sudada. Nada más entrar en el castillo en ruinas, un guía explicaba muy entusiasmado la historia del edificio y de la gente que vivía allí. Después de un rato apretando las entendederas me di por vencido y decidí seguir la visita por mi cuenta.

[[Acaba la crónica de la ruta en la descripción del waypoint Foix]]
Refuge

Albergue

Intersection

Camino

Camino
Ruins

Casa del Pla

1220 m altura
Castle

Castillo Montsegur

Mountain pass

Col de L'Osque

Col de L'Osque
Mountain pass

Coll de Pendís

Coll de Pendís
Mountain pass

Coll du Puymorens

N-20 y (H.R.P.)
Ruins

Edificación

Edificación
Castle

Foix

Día 8: Montsegur-Foix El último día también lo había planeado para no sufrir mucho. La distancia hasta Foix era de unos 32 kilómetros y el desnivel estaba alrededor de los mil metros. Viendo el perfil y el mapa, decidí optar por una combinación de camino primero y carretera después. Acerté de pleno porque el descenso de la primera montaña que crucé se me atragantó porque era otra vez un sendero poco practicable y lleno de ramas. A las doce de la mañana ya estaba en Foix. Me acerqué a la estación para asegurarme del horario del tren y en las cuatro horas que me quedaban me di una vuelta por el pueblo, comí en una terraza y me senté en una zona céntrica desde la que se veía el castillo, totalmente restaurado. El tren salió media hora tarde y fue acumulando retrasos en las estaciones hasta que en una de ellas nos tuvimos que bajar para seguir en viaje en autobús. Después de una semana con un tiempo estupendo y sin apenas nubes, se puso a llover. Menos mal que no me pilló en la bici. Perdí el enlace con el tren a Barcelona y de nuevo solicité asilo en Puigcerdà para volver a casa al día siguiente. En total, 260 km y 7600 m de desnivel acumulado. Arsa. Volví con 83 kg y una talla menos de pantalón. Viendo la poca diferencia de peso y el cambio de volumen, deduzco que lo que perdido de grasa lo tengo ahora en las piernas, así que habrá que aprovechar la forma física.
fountain

Font de Queralt

Bv-4242
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Camino y Camí de la Matella
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Carretera y Gr107 Var - Grp Tour Des Montagnes D'Ax
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Rec de la Quère
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Gr107 Var
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Gr107
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Carretera sin pavimentar
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Gr107
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Carretera sin pavimentar
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D5 Grp D'Olmes
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Carretera
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Pista
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Camino
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Parc Natural de Cadí-Moixeró
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Camino y Camí Ral
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Calle
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Camino
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0183 Andorra la Vella
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Gr107 y Carretera
Waypoint

Gorges de la Frau

Gorges de la Frau
Intersection

Inicio pista

Carretera Local
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L'Hospitalet-Près-L'Andorre

Refuge

Montségur

Montségur
Refuge

Puigcerda

Puigcerda
Refuge

Refugi Dels Cortals

Sacred architecture

Sant Serni

Sant Serni
Camping

Zona de Acampada

Zona de Acampada

5 comments

  • ulyses73 Apr 10, 2016

    Buenas
    Has hecho una cronica cojonuda
    Pero queria preguntarte si crees que esta ruta se puede hacer a caballo?

    Gracias

  • Photo of Ayrton7

    Ayrton7 Apr 11, 2016

    ¡Hola! Gracias por el comentario :) No conozco el mundo de los caballos bien como para saber por dónde pueden pasar. Y te diría que preguntes en el Consell Regulador del Camí dels Bons Homes. Seguro que ellos te pueden aconsejar. Sé que el camino se anuncia como practicable a caballo, aunque seguramente haya que seguir ciertos desvíos para adaptarse a las posibilidades del animal. Otro tema es gestionar la alimentación y el cuidado del caballo. No te sé decir si hay sitios habilitados para que pase la noche. En Porta dormí en un centro equestre, pero en el resto de la ruta, no te sabría decir.
    ¡Saludos!

  • Photo of David Biker77

    David Biker77 Aug 9, 2018

    Hola un placer saludarte!! Me gustaría comentarte algunas dudas que tengo. Si te parece bien claro . Espero respuesta. Saludos. Soy David y mi número de teléfono 616964195.

  • Photo of albertmt12

    albertmt12 Sep 17, 2018

    Hola! Me gustaria saber el porcentaje general de pista i el porcentaje de sendero (aproximado). La cronica esta inmegorable, muchas gracias por toda la información.

  • Photo of Ayrton7

    Ayrton7 Sep 17, 2018

    Hola, Albert. A ojo te diría que 10-15% de sendero. Gracias por el comentario :)

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