Time  4 hours 18 minutes

Coordinates 995

Uploaded December 19, 2015

Recorded December 2015

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near Manzanares el Real, Madrid (España)

Cuando uno de mis Jefes me alertó sobre la existencia de esta ruta, lo cierto es que puse en marcha el mecanismo para llegar a hacerla. Me advirtió sobre su espectacularidad y lo cierto es que no se equivocó. ¡Tienes que hacerla! No necesitaba más… solo encontrar el hueco.

Wikipedia me dice, sobre el Yelmo de La pedriza, lo siguiente:

"El Yelmo, también conocido como Peña del Diezmo, es un risco de la sierra de Guadarrama (perteneciente al sistema Central). Es el más importante de La Pedriza, una zona destacada de esta sierra, y uno de los más altos de La Pedriza Anterior con una altura de 1717 metros. Se ubica en el término municipal de Manzanares el Real, en el noroeste de la Comunidad de Madrid (España).

Se trata de una enorme placa de granito rosado y es el centro de atracción de numerosos escaladores. Este risco es el más vistoso de toda La Pedriza y visto desde el sur tiene forma de un yelmo medieval. Según cálculos realizados, se podría tallar el Monasterio de El Escorial a tamaño real dentro del domo.

Se eleva 150 metros sobre su base por el sur, y 95 metros por el norte. El Yelmo es un domo, es decir, una forma en resalte abovedado. Su nombre se debe a su peculiar forma que es similar al yelmo usado por los caballeros medievales, apareciendo ya con dicha denominación en el Libro de montería, de Alfonso XI, del año 1350.1 Su antigua denominación es «Peña del Diezmo».

La "Via Normal" de ascensión, transcurre por la Gran Grieta (una chimenea en dos tramos) de la cara norte, aunque también se considera como tal a la vía Valentina, que asciende por el lado oeste del risco. La cara sur del Yelmo es una enorme pared de granito en la que hay varias vías de escalada que conducen a la cima"

Aparte de consultar Wikipedia, en Wikiloc también encontré la información necesaria. Con los track de “losK2delasKumbres” y “Emilio el Frutas”, entre otros, tenía información más que suficiente. O, por lo menos, eso creía yo…

Hoy sábado, el hueco estaba abierto. La previsión era… ¡perfecta! El día amanecía… ¡perfecto! La compañía elegida para la ruta… ¡perfecta! Pues en marcha. Quedo con Vicente en Manzanares el Real, para el desayuno, en el que ya se palpa el ambiente “montañero” del día. La cafetería tiene bastante gente para ser algo temprano. Desayunamos lo típico (café con leche y unas porras que decían “cómeme”) y salimos rápidos. Había leído que el aparcamiento de Canto Cochinos, lugar de inicio de la ruta, no era muy grande y que había que estar pronto para no tener problemas. Bueno… tendremos que redefinir el término “no era muy grande” (cuando llegamos, de vuelta, no fuimos capaces de contar el número de vehículos que habían, pero más de un centenar seguro…).

Son las 8.30, no hace mucho frío. La gente empieza a llegar (a la cafetería del aparcamiento…), empieza a prepararse y Vicente y yo nos ponemos en marcha. Bajamos hacia el río. Cruzamos el puente de madera y… ¡tenemos que tomar una decisión importante! ¿Derecha o izquierda? Opciones. Hacia la derecha sube directamente, en 4 km, al Yelmo, con los consiguientes 700 metros de desnivel. Hacia la izquierda, la subida es más larga, 6 km, y el desnivel es el mismo pero parece estar mejor distribuido. ¡Derecha, sin dudarlo!

La subida no tiene problema alguno, ni dificultad. La senda está bien definida y permite un ritmo alegre. De hecho, adelantamos en la misma a un par de parejas de debieron salir antes que nosotros. Había leído, en los blogs consultado, que la fauna que abundaba por la zona estaba compuesta, principalmente, por buitre y cabra montesa… ¡Doy fe! Las cabras quizá no tan dóciles como en Gredos, pero se notaban acostumbradas a las visitas contantes. Los buitres, pues eso… o apoltronados en lo alto de una piedra o con sus vuelos circulares de costumbre.

Una de las curiosidades que también había leído de La Pedriza eran sus formaciones rocosas. Peculiares algunas, ya características otras. Y los senderistas acostumbran a buscarles parecido con algo y, por supuesto, a ponerles nombre. Algunos nombres ya parecen fijos, otros, pues…, bueno, no tanto. Es más, te puedes permitir la licencia de rebautizarlos, si fuese menester. En hora y media, aproximadamente estamos en la base del Yelmo, en su cara sur. Sus 150 metros de altura, desde la base, casi le hacen parecer un coloso. Como la ascensión “normal”, a pie, vamos, es por la cara norte, toca dar un pequeño rodeo para llegar al punto de inicio.

Al ser mi primera…, nuestra primera vez, ante el Yelmo, te surgen dudas. Unos compañeros, en su descenso, nos dan unas indicaciones, nos confirman que vamos por el sendero correcto de ascensión, y que una vez superada “la chimenea”, giremos a la derecha para llegar al vértice. Eso sí, nos sobran las mochilas. La chimenea permite el paso de una persona “normal” sin mochila…. Pues nos plantamos Vicente y yo ante la chimenea… En principio, no sabemos de dónde le viene el nombre. Ante nuestros ojos aparece un angosto pasaje en el que parece no entrar una persona “normal”. De hecho, en el primer intento, el que escribe como que no pasaba del primer punto. Demasiado estrecho… En fin, que desanimaba ¡Hemos venido a divertirnos! (me advierte Vicente). Nos damos la vuelta y santas pascuas… Dicho y hecho. Descendemos un par de metros y volvemos la vista a la “angostura”. Pero si nos han dicho que se puede pasar… ¡Es que se puede pasar! Vicente decide probar él. Se aprieta contra las paredes de granito. Parece “encallarse” entre las rocas pero, con un poquito de paciencia y habilidad, consigue rebasar ese punto y, lógicamente, obligarme a mí a hacerlo. Y lo hago. Solo era cuestión de eso… paciencia y un poquito de habilidad.

El paso por la chimenea no es fácil. La angostura tendrá unos 30 o 40 metros de largo, o por lo menos eso me pareció. Tras la primera barrera el resto es más fácil. Hay un segundo punto que requiere un poquito de habilidad. No permite, en principio, una ascensión frontal, sino lateral. El culo a una pared y las piernas a la otra, e intentar subir así. Desde ahí, hasta el final, es mucho más sencillo.

Al volver a ver la luz del sol (parece mentira, pero la angostura a esa hora no tenía mucha luz solar), o lo que es lo mismo, tras abandonar la chimenea, giramos hacia nuestra derecha y nos encaminamos hacia el vértice geodésico. Las frecuentes pisadas de los senderistas han erosionado un poquito la roca y nos indican el camino.

Desde el vértice, ni que decir tiene que las vistas son “impresionantes”. Merece la pena aprovechar la altura y la transitoria “soledad” del momento. Como intuíamos la presencia de más senderistas, nos aproximamos nuevamente a la chimenea para hacerla en sentido contrario, descendente. Mucho más sencillo que la ida. Solo tener en cuenta los dos puntos indicados en la subida como algo más delicados y listos. Una vez superada la chimenea, de ida y de vuelta, nos toca “aconsejar” al siguiente senderista que ya se encontraba a las puertas casi.

Iniciamos el rápido descenso por la cara oeste del Yelmo, siguiendo las constantes marcas del PR-M-1 que nos llevará a Canto Cochino de regreso. Si en la subida fueron las cabras montesas las que nos animaron el camino, en el descenso son los buitres los que nos hacen parar y admirar su majestuoso vuelo o su imponente silueta sobre los vértices de La Pedriza. En resumen ¡Un lujo!

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Peña del Yelmo

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