Time  5 hours 26 minutes

Coordinates 1523

Uploaded June 3, 2018

Recorded June 2018

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near Ain Bouanane, Tanger-Tetouan-Al Hoceima (Morocco)

Quedar a las ocho de la mañana para dar una vuelta por el monte no está mal: si es el Gorgues va mejorando, y si nos proponemos un reto: darle la vuelta, la cosa cambia.
Pues bien, eso es lo que intentamos hacer, de manera que partimos en taxi hacia Torreta, es decir, la falda del Gorgues. Hasta allí nos llevó un taxista que había trabajado en Suecia y que hasta el día de hoy no he probado la servesa ni el vino, jamdulilá. Y soy del Madrid, y Firentino sabe de marketin y yo me traje dos millones de céntimos, cuando trabajé aquel verano en Suecia, pero jamdulilá no he probado el vino ni servesa. De cosas mayores no se habló porque este hombre virtuoso en la tierra, será recompensado por el Omnisciente cuando ascienda al paraíso en donde, no solo probará el vino, sino que catará las epidermis de las huríes (que suponemos que se renuevan cada cierto tiempo, no sabemos ni dónde van ni qué dicen las huríes).
Algunos minutos y un kilómetro después se inició el ascenso por esa cañada que iba a llevarnos a rodear mi admirado Gorgues, pero ca, como ya sucedió otras veces dejamos camino por vereda, y vereda por trigales ( sí, verdes); se acababa el camino y sus trazas así que nos echamos al monte, peñas arriba y espinos a mi cuerpo; oh dios, y qué batacazo me pegué, cómo permitiste que tu siervo fuera asaeteado y que manos, cara y pie fueran diana clara de yerbajos vulgares.
En esas estábamos cuando por fin llegamos al prado verde, llamado desde ahora Prado Alfonso, divisible desde el salón de lectura que el tal Alfonso posee en el edificio “La Paloma”; allí admiramos el verdor, al fondo Tetuán y más arriba el reto de bordear esos riscos que están ahí, ahí como el que se está refiriéndose a la cocina de su casa desde el salón. Ese ahí era una hora y media de sigue tú por ahí, no se ve camino, que sí, que yo creo que detrás de aquellos matojos, que yo no veo nada, que mira que estamos dando rodeos, a ver qué se oye, que allí hay gente. Y sí, la había, en el fondo de la cañada voceándole a una vaca loca a punto de despeñarse.
Para qué seguir en este Gólgota, no había camino a la izquierda, así que teníamos que seguir recto en dirección a las antenas, mientras Alfonso me hablaba de la morena de ojos azules y yo me quejaba de la espina clavada que no logré arrancármela y sigo sintiendo el dolor hasta que llegué a Tetuán. Pero en esto va y me suelta algo y dice: como los heterónimos de Fernando Pessoa. Y entonces yo me traslado al Estuario y a la luz de la tarde que cae sobre el Rossío y veo a Fernando, Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Bernardo Soares y Ricardo Reis. Y entonces, me desasosiego porque comprendo que la luz que nos alumbra es implacable y que no hace concesiones, así que seguimos asaltando sembrados, verticales y difíciles, intentando encontrar una salida cuando allí, sentados a la sombra de un chaparro dos moritos contemplaban el paisaje y cuidaban unos diez jaulis que serán la alegría de aid el kbir. Y yo le digo asalaimo aleikum y ellos casi lo mismo, y luego fein trek?. El viejo señala con la mano y hace un gesto como el que está conduciendo. Ah qué bien, y bshal kilómetros y nos dice que wahed. Coño un kilómetro, Alfonso, estamos salvados. Después de un kilómetro, la civilización; así que subimos y subimos hasta que llegamos a la cota más alta, a nuestra izquierda una vaquera joven y fornida mandaba en tres vacas que pronto desaparecieron de nuestra vista pero que, sin duda, irían a la civilización o algo parecido y efectivamente, después de un descenso suave, llegamos al camino que baja de las antenas. Allí en una parada que parece ser de autobús o más bien un resguardo dos moritos jóvenes y un pollino dejaban que el tiempo se les echara encima. Y decían knhadar l arabía, spañolía walo, y yo, dunia henia, y ellos, jamdulilá; el burrito miraba.
Lo demás fue andar y bajar, sin matojos, ni espinos: se acabó el Gólgota y después vino la gloria, baja que te baja, llegamos hasta el punto de salida y seguimos hasta que un taxi remolón nos acercó a la ciudad y yo le eché una mirada a mi Gorgues: anda ahí te quedas. Volveré por otros caminos de gloria y fortuna.
panorama

Desde el Gorgues

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Ya empezaba el Gólgota

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Casi arriba

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Ascendiendo

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En lo alto

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Pueblo bajando

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Bajando

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Tetuán desde Torreta

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