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Coordinates 948

Uploaded March 27, 2016

Recorded March 2016

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near Las Ermitas, Galicia (España)

Nuestra ruta de hoy parte de la playa fluvial de As Ermitas (O Bolo) en la provincia de Ourense. Este paraje excepcional, marcado por su santuario, combina elementos esenciales para la supervivencia de estas tierras interiores. Agua. Un remanso del río Bibei, que pierde su condición de encañonado para convertirse en playa fluvial de aguas tan cristalinas como heladas. Vino. Centenares de traviesas de cultivo de viñas labran las laderas que observamos solo levantando la vista. Olivos. Árboles antiguos y nuevos retoños cuyas olivas trituraban los molinos del cauce. Y además un Santuario. Antigua ermita ascendida a Santuario que parece caída de los cielos para encajonarse en el fondo de la garganta entre rocas granitas.
Podréis ser religiosos o no, pero la vista desde la carretera general (OU-533) de esta joya arquitectónica del barroco gallego no os dejará indiferentes. Nace como una capilla para honrar la imagen de una virgen con niño en brazos encontrada escondida en una pequeña cueva. Cuenta la tradición que los ganados se embravecían y bramaban al acercarse a ese lugar. La noticia se extendió rápidamente por toda la comarca, atrayendo peregrinos en busca de favores. El lugar de descubrimiento denominado de Las Ermitas da nombre a la Virgen. El desprendimiento del año 1909 nos ha privado del lugar histórico exacto del hallazgo. Tanto las razones por las que la imagen de la Virgen fuera introducida en esa cueva como la fecha en que aquello aconteció no son conocidas y no se han encontrado referencias. Se supone que el propietario de la imagen se encontraría en una situación de peligro (quizás por la invasión de los árabes) y para evitar el pillaje de los asaltantes escondió sus bienes más preciados en una cueva y cerró su entrada. Posteriormente no pudo recuperar sus tesoros y estos quedaron ocultos cinco o seis siglos hasta que fueron descubiertos por el pastor.
El nacimiento del actual templo tiene su origen en la curación del Ilustrísimo D. Alfonso Messía de Tovar, Obispo de Astorga, quien aquejado de una grave enfermedad en el año 1624 visita San Miguel de Vidueira en misión pastoral. Desahuciado de todo remedio humano acude a Nuestra Señora de Las Ermitas, recobrando su salud. Agradecido por tan singular favor concibe la construcción de un gran Santuario que incluiría una Casa de Administración y Hospedería para peregrinos y devotos. Sin embargo, no pudo ver concluido su proyecto, quedando reducido a lo que hoy es la nave central del Santuario.
Dejamos atrás el santuario y descendemos por la carretera hacia el puente que separa el Concello de O Bolo del Concello de Manzaneda. Peñascos enormes a nuestra derecha nos recuerdan el fatídico suceso de 1909. Algo temerosos por el recuerdo, desviamos nuestra mirada hacia el río. Aquí el Bibei abandona su remanso para esconderse, pasando los arcos, bajo inmensas rocas. Dejaremos de verlo para solo oírlo rugir abriéndose camino. Nuestra ruta continúa por el camino izquierdo. Una pista de tierra bordeada de olivos, robles y alguna encina nos lleva paralelos al cauce. Ahora, corriente arriba, nuestra perspectiva cambia. Las traviesas aparecen por todas partes en esa ladera escarpada. Cientos de ellas, unas cultivadas, otras en recuperación y la mayoría abandonadas nos dejan entrever lo que en otra época fueron estas tierras. Tierras tocadas por los dedos de Baco y convertidas en la bodega de los Dioses. Exquisitos caldos que viajaron leguas y leguas para llenar copas de infinitas casas romanas. Copas de plata y bronce rebosantes de este liquido tinto o blanco, a veces calentado y especiado. Cotizados sabores llevados de una a otra punta del imperio.
Porque estos cañones, con un microclima mediterráneo, han sido el invernadero de muchas mesas en todas las comarcas limítrofes. Hay discrepancias sobre cuando realmente se construyen estos bancales para ganar terreno y salvar la pendiente a la montaña. Muchos creen que no hay evidencia científica para esta teoría de origines romanos y se inclinan mas hacia el siglo VI con el inicio de la explotación monástica. Otros incluso se apuntan al siglo XIX.
Pero sea cual sea su origen no dejamos de maravillarnos con esta obra de ingeniería. Miles de metros de muros de mampostería construidos piedra a piedra y sin ningún tipo de compuesto para su sujeción. Quizás enormes cíclopes hayan estado jugando con sus fichas de Exin para levantar colosal entramado.
Entre las viñas, de vez en cuando, asoman monolitos que se han integrado perfectamente en el cultivo. Alguna pequeña vivienda, quien sabe si antigua bodega, con el cierre aromatizado por el romero, rompe el monótono paisaje. Y una nueva carretera, construida para descongestionar la única y estrecha entrada al pueblo y al Santuario desde la OU-533
Pero no nos entretengamos mas porque nuestra próxima parada será As Escadas. Este pueblecito que solo mantiene una casa en pie es paso obligado hacia la siguiente parada. Una alfombra de pequeñas margaritas nos recibe. Macizos de lirios a punto de florecer se inclina hacia nosotros sosteniendo sus capullos. Una mimosa en erupción nos deja intuir sus amarillos colores. Los gorriones revolotean entre los árboles mientras el murmullo de arroyo acompasa nuestras pisadas.
No lleva mucha agua. Un salto y estaremos al otro lado adentrarnos en un bosque de castaños. Sus hojas secas cubren la senda, mientras los jóvenes brotes asoman entre las ramas. Árboles antiguos y nuevos retoños crecen entre las ruinas de las casas. Una estampa de decadencia desbordada por la exuberante vegetación. Piedras que recuerdan familias amparadas bajo su protección. Piedras altivas que a duras penas se mantienen en pie. Piedras de otros tiempos ancladas en este. Solo piedras para no olvidar que aquí hubo vida.
Cuentan que un mozo presumía de ser el novio de la mitad de las chicas de As Escadas. Pero lo que el mozo no contaba es que solo había en el pueblo dos mujeres en edad casadera.
Continuamos nuestro recorrido dejando atrás en pueblo. La senda que hasta ahora era ancha se va convirtiendo poco a poco en un sendero rodeado de matorral bajo. Encontramos una pequeña bifurcación. Tomamos el camino de la derecha. La senda no cambia. Estrecha y de matorral para desembocar en un camino de piedras. Sorprende encontrarlo aquí. Aparece de repente, de la nada. Con pequeños muros de piedra y arboleda. Seguramente antes de que existiese la carretera que nos lleva al siguiente pueblo su acceso seria por estas sendas y precisarían un camino empedrado para el paso de los carros. Robles, castaños, encinas nos dan sombra en el ascenso continuado. Al otro lado, en la loma de la montaña mas traviesas labran su morfología. Pero esta vez parecen olivos. Cientos y cientos de ejemplares jóvenes. Oímos el murmullo del arroyo. Nos habíamos alejado pero volvemos a su encuentro. Otra bifurcación nos desvía de nuevo a la derecha para cruzar de nuevo sus aguas. Otro pequeño salto de piedra en piedra y ascendemos por un minúsculo camino ladera arriba. Los árboles cada vez más escasos desaparecen poco a poco. Tojo, piedras y hermosas mariposas son nuestros únicos acompañantes. Aprieta el sol. Nuestra estrechísima senda muere en una más ancha para dejarnos, después de un recodo, a los pies de Rebodepó. Tenemos que detenernos. Las vistas son espectaculares. Desde aquí una visión de más de 180 grados nos permite ver las cumbres nevadas de Peña Trevinca y O Courel. También O Bolo, Santa Cruz, Lentellais, Chandoiro y a Rúa. Y claro está As Ermitas nuestro punto de inicio y final de ruta.
Abandonamos este magnifico mirador para recorrer el pueblo desde su parte sur. Pastos verdes para el ganado es lo primero que cruzamos hasta toparnos con su capilla. Atravesamos sus calles y tomamos la carretera hasta llegar al transformador de luz. Desde ese punto sale un camino a la derecha que nos llevara ladera abajo. Camino ancho y pedregoso donde la jara florece en abundancia, pero donde ni un solo árbol se atreve a desafiar al viento. Estamos a 990 metros de altitud. El viento frío de Manzaneda nevada golpea nuestras mejillas. Según descendemos, otra vez, el cañón del río Bibei asombra nuestros ojos. A lo lejos, entre maleza crecida a lo largo de los años, volvemos a distinguir cientos y cientos de terrazas desde lo alto de la montaña hasta el mismo borde del cauce. ¿Cuántas manos curtidas, de hombres, mujeres y niños labraron, cultivaron y recolectaron estas tierras? Un trabajo ingente para un salario probablemente inexistente. Tojo, jara y lavanda colonizan este suelo pedregoso. Otra bifurcación. Tomamos el camino de la derecha ya que el izquierdo nos lleva a Soutipedre. Otro tamo más del camino hasta desembocar en la carretera comarcal que nos lleva a as Ermitas. Serán 2 kilómetros de asfalto. Caminamos por su lado izquierdo intuyendo el río al fondo. No lo vemos pero lo oímos. Aparecen los primeros sotos y alguna bodega derruida. Un ruido en la ladera llama nuestra atención. El grito de un jabalí o un corzo dejan volar nuestra imaginación. Animales salvajes. No hemos visto ninguno. Puede que en otra ocasión el destino nos depare alguna sorpresa. Y así en esta ensoñación de animales libres cruzándose en nuestras caminatas recorremos los últimos metros para volver a cruzar el puente y pasear por las calles de As Ermitas. Aun tenéis tiempo de visitar el santuario por dentro. Porque si por fuera impresiona por dentro os deparara algunas sorpresas como la talla de Nuestra Señora de las Ermitas o el exvoto de un galeón. Posiblemente sea en el siglo VII cuando el artista escultor tallara la imagen en un tronco de madera. Se trata de una imagen de una mujer sentada y con un niño en brazos y que, como consecuencia de los años transcurridos y de las malas condiciones ambientales en las que se conservó la imagen, se encuentra en una situación de deterioro importante. Por esta razón la imagen que ahora vemos en el Santuario de Nuestra Señora de Las Ermitas es una imagen de vestir que alberga oculta en su interior la imagen original.
En cuanto el exvoto de un galeón que podemos ver colgado de la nave central del Santuario es fruto de un hecho milagroso que ocurrió en el año de 1702 y que transcribimos como viene referido en el libro de Manuel Contreras editado en el año 1739:
"No es menos admirable el suceso siguiente que consta por el testimonio de D. Domingo González y declaración de D. Pedro Centeno, natural de San Juan de la Cuesta de Sanabria. Hallábase éste de Ayudante en la Plaza de Bayona, en el Reyno de Galicia, y su Gobernador le mandó salir en una chalupa el día 23 de septiembre del año de 1702 a reconocer una esquadra que se descubría, y halló eran Navíos de España. Volvían alegres á participar á su xefe la noticia, quando á una legua de la tierra en la Isla que llamaban de las Estilas; se levantó un recio macan, que batiendo la vela de la chalupa, dió un golpe á Don Pedro tan fuerte, que le arrojó al mar, á bastante distancia del buque; invocó en su amparo a nuestra Señora de las Ermitas; y habiendo andado por espacio de tres horas sin saber nadar, fluctuando sobre las olas, separado de la embarcación mas de mi quarto de legua, se halló sin poder decir como fuese tan cerca de ella, que pudieron los Marineros arrojarle la guirindóla á la que pudo asirse, y salió de aquel peligro. A su llegada contaron al Gobernador el suceso, y con su licencia. se partió al Santuario de nuestra Señora de las Ermitas á darle las debidas gracias por el favor recibido".
Y así, y aquí, al amparo de Nuestra Señora termina nuestra ruta.
Río
Santuario das Ermitas
Viñas
Rocas
Panorámica
Senda
Viñas
Cañones del Bibei
As Escadas
Senda
Panorámica
Valle
Vistas do Bolo, Santa Cruz e Lentellais
Vista das Ermitas
Vistas de Peña Trevinca nevada
Capilla
Rebodepó
Cabeza de Manzaneda
Viñas
Garganta del río
Rocas
Souto
Arroyo
Bodega
Cauce Bibei
Formaciones rocosas
Río Bibei
Santuario das Ermitas
Santuario das Ermitas
Molino
Playa fluvial

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