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near Ipiñaburu, País Vasco (España)

RUTA REALIZADA EL 28/10/2014.
CÓMO LLEGAR: Desde Murgia dirección Zeanuri, por la carretera N-240 (Bilbao-Vitoria) hasta el puerto de Barazar. Allí tomar la pista por detrás del antiguo restaurante, que conduce al cruce donde se inicia la ruta. A la derecha se va al humedal de Saldropo y por la izquierda a Otzarreta. Hay un pequeño parking.
ITINERARIO: Es de libre albedrio entre las majestuosas hayas, recorriendo la loma y las dos orillas del regato Zubizabala.
COMPONENTES: VICENTE Y SUSI.
RECORRIDO: CIRCULAR.
AGUA EN RUTA: NO.
DISTANCIA: 0,970 KM.
TIEMPO: 00:30 HORAS
ALTURA MÁXIMA: 635 M.
ALTURA MÍNIMA: 545 M.
DESNIVEL POSITIVO: 100 M.
DESNIVEL NEGATIVO: 100 M.
DIFICULTAD: BAJA.
LA RUTA: Hace una tarde preciosa. En la Casa del Parque habíamos consultado para hacer esta ruta pero incluyendo el humedal de Saldropo, traemos un track en el GPS para ello, pero nos dijeron que debido a la escasez de lluvias y el calor persistente en estas fechas, Saldropo no está en sus mejores momentos.
Por ello, hemos acortado la ruta y solo visitaremos el Hayedo de Otzarreta, lo que nos viene bien para no cargar demasiado las piernas el primer día. Iniciamos desde el Paking, que hace de pantalla para acceder a un escenario donde las increíbles hayas trasmochas son las protagonistas.
Este pequeño hayedo lo componen algo más de un centenar de árboles de edad avanzada pero están bien repartidos junto al arroyo Zubizabala, recostados en una ladera sombreada y húmeda, componiendo un paisaje idílico. Aunque hoy no está envuelto por la bruma, las luces del atardecer, le dan un bonito aspecto nostálgico.
Los aficionados a los hayedos notaremos algo raro en estas hayas: sus ramas no crecen horizontalmente, como es común entre las hayas, sino verticalmente, hacia el cielo. Y es que estos árboles fueron explotados para obtener carbón. El coboneo convirtió a Otzarreta en un hayedo trasmocho.
Son de tronco ancho, mediana altura, corteza gris, salpicada de cicatrices, raíces extendidas, cubiertas de musgo y aferradas al terreno arcilloso. Sus ramas sorprenden pese a haber sido sometidas a podas sucesivas para obtener leña y carbón, largas, se extienden hacia el cielo en busca de luz.
Las podas sufridas en la primavera de 2014 le han restado al bosque un poco de su encanto, pero hay que entender que son necesarias para su conservación. Los árboles soportan mucho peso en estas ramas, y con los temporales de viento hay mucho peligro de que se puedan arrancar ramas, e incluso de derribarse árboles enteros.
En algunos troncos hay clavados letreros prohibiendo la recogida de leña ya que la utilizan para proyectos de investigación. Esparcida por el suelo hace crujir nuestras pisadas, dándole un aire más descuidado y de naturaleza salvaje al entorno.
Su fruto, los hayucos, se comían como si fueran pipas y asados en una sartén al fuego de la hoguera. Contiene ciertas sustancias nocivas que suelen quedarse en la cápsula seca que lo envuelve. Por tanto, pueden consumirse sin riesgo, siempre que la dosis no sea demasiado grande. Para el organismo supone un aporte de proteínas, glúcidos y minerales.
Deambular por este bello rincón y disfrutar con la serenidad que emanan sus enormes hayas es una delicia. El silencio es ensordecedor. Ha cesado el canto de los pájaros y las luces de la tarde alargan las sombras de los árboles y obscurecen las umbrías.
He disparado mi cámara como un poseso persiguiendo troncos, musgos, la hojarasca y las verticales ramas que apuntan al infinito. Es raro no habernos cruzado con ningún fotógrafo profesional cargado con sus trípodes y objetivos, quizás sea por la hora o el calor que rompe la fotosíntesis.
Poco a poco vamos cerrando el “círculo”, es difícil saber que figura geométrica ha compuesto nuestro paseo, puesto que solamente mirábamos al cielo embelesados con las ramas que buscaban la luz. Hacemos unas fotos a unas pilas de troncos de pino recién aserrados. Me aterra esta visión aunque sé que son replantados industrialmente.
De regreso a Murgia, después de una reconfortante ducha, aceptamos la sugerencia de José el gerente del hotelito, para llegarnos hasta Vitoria en autobús, con lo cual tenemos 3 horas para pasear por el casco antiguo y tapear en algunos bares recomendados. Colofón extraordinario.

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