Bning

Time  8 hours 4 minutes

Coordinates 933

Uploaded October 21, 2012

Recorded October 2012

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near La Granja de San Ildefonso, Castilla y León (España)

De la Granja de San Ildefonso a Rascafría por el Reventón

Duro tuvo que hacérseles el viaje a los monjes cartujos que, a finales del siglo XIV, partían desde La Granja a tomar posesión de las tierras que Enrique II de Castilla les dejó en su testamento para lavar su conciencia por las tropelias cometidas por sus tropas contra la Orden de los Cartujos mientras estuvo en Francia. El monarca señaló a su hijo el lugar exacto de la construcción de un monasterio, junto a la ermita de Santa María de El Paular. Un poco antes, los monteros de su padre, Alfonso XI, hablaban ya de estos parajes como buenos montes para la caza del puerco y del oso, aunque ahora, toda una pena, no quedan ni los ecos de este pasado pues un lejano descendiente suyo, Felipe II, mató al último plantígrado del Guadarrama. 

Esta ruta es el paso entre el valle de Lozoya y Valsaín por el Reventón, uno de los puertos más antiguos y frecuentados de la sierra de Guadarrama. Curioso nombre que apunta al estado en el que llegaban las caballerizas a lo alto del collado, y en el que seguramente llegaron los primeros monjes cartujos al cruzarlo, para alojarse definitivamente en las faldas de los montes Carpetanos. En estos bosques fueron famosos los safaris con fieras africanas que organizaba desde Valsaín Enrique IV de Castilla. Pero no solo los Trastámara se aficionaron a estos lugares; el palacio de Valsaín fue uno de los favoritos de los Austrias hasta que un incendio durante el reinado de Carlos II lo destruyó. Los Borbones también quedaron cautivados pero, en vez de reconstruir el palacio de Valsaín, construyen uno nuevo en los terrenos donde los monjes jerónimos del monasterio del Parral de Segovia llevaban una hospedería y una granja. En toda esa zona se cuentan por docenas los vestigios de pabellones de caza, casas de guardas, cebaderos, etc.

Nosotros, al igual que los monjes cartujos, aunque con muchas menos pretensiones y armados solo con un bocadillo y una botella de agua, partimos rumbo a Rascafría a través del Reventón. Ahora bien, nos permitimos una pequeña licencia e hicimos una variación en el camino, un desvío de la ruta tradicional, para poder admirar las cascadas que el arroyo del Chorro Grande forma al caerse del Reventón. La ruta requería dejar un coche en Rascafría y acercase con otro a San Ildefonso. El tener que pasar primero por Rascafría hizo que llegásemos más tarde de lo previsto a San Ildefonso, y además cansados después de dos horas de coche, así que no nos pareció mala idea comenzar la excursión con un café y un tortel en una chocolatería cercana. Tras reponer fuerzas, comenzamos a caminar hacia la cascada grande del arroyo del Chorro tras pasar una cancela por el robledal de Mata de Navalosar. Camino fácil que nos llevó cómodamente hasta darnos de bruces con la cascada, no sin antes saltar el arroyo de la fuente del Infante, así como pasar por otra cancela, para alejarnos definitivamente de la Mata. El Chorro Grande surge, después de una pequeña pero pronunciada pendiente, majestuoso en su salto de 60 metros, deslizándose sobre sólidos riscos de granito vertical. Continuamos subiendo separándonos un poco del Chorro hasta llegar a la parte superior, serpenteando por una empinada vereda. Obligadas se hacen en este tramo las paradas para ver el amplio paisaje que se muestra a nuestros pies y de paso, recuperar resuello, beber algo de agua y tomar algo que aporte un poco de energía.

Una vez arriba y tras reponer las fuerzas, viramos a nuestra derecha, manteniendo altura por el pinar de Peña del Berrueco, ya que nuestro objetivo es retomar la senda camino de Rascafría, terminada ya nuestra pequeña licencia. Volvemos a cruzar el arroyo del Infante y continuamos sin perder ni ganar altura, hasta que nos cruzamos con un cortafuegos, con el arroyo de la Peña del Berrueco y por fin, tras pasar una cancela, con el camino al Reventón.  El camino arranca ahí en un fatigoso y serpenteante ascenso hasta alcanzar la fuente de Ruper, punto que nos indica que cerca está el mirador de Poyo Judío, desde el que se obtiene una vista panorámica que comienza en Siete Picos y Montón de Trigo y termina en Peñas Buitreras, con el palacio y los jardines de La Granja a los pies, dejándose adivinar, Segovia y su catedral a lo lejos. Tras otra obligada parada para reponer cuerpo y espíritu, se retoma el camino que nos llevará en iguales condiciones hasta la fuente del Infante Don Luis, donde al parecer este príncipe almorzaba cuando iba de caza. Antes vemos la choza, o refugio del mismo nombre, con capacidad para cuatro personas sentadas, sin puerta, que bien puede salvarte de un apuro si es que decide ponerse el tiempo feo. Junto a la choza, la fuente y un poco más arriba las ruinas de un pabellón de caza. Hacemos cuales príncipes y almorzamos al lado de la fuente y de la choza.  

Tras el obligado descanso, continuamos camino al Reventón, puerto y cima del cerro. En el puerto, encontramos un monolito en honor al teniente coronel Ibañez Marín, que realizó los trabajos cartográficos de esta parte del Sistema Central y fue el primer presidente de la Sociedad Militar de Excursiones.  En la cumbre del Reventón, vistas privilegidas del Risco de Claveles, el collado de la Flecha, la Cuerda Larga, el valle del Lozoya y de Segovia a lo lejos. Toda esta zona está repleta de restos de fortificaciones y parapetos de la Guerra Civil. Aquí ocurrieron los hechos de la mal llamada batalla del Reventón, cuando apenas unos 30 soldados del Batallón Alpino fueron sorprendidos por tres compañías del 75º Regimiento de la Victoria que ascendían desde La Granja, en sigilo, por la noche con los cascos de los caballos y las mulas envueltos en trapos para evitar cualquier ruido. Tras el enfrentamiento, los republicanos perdieron el paso de El Reventón y Malagosto, y aunque organizaron un contraataque con fuerzas de la 29ª Brigada Mixta, ya no se movieron esas posiciones hasta el final de la guerra.

Tras volver de la cima al collado, nos encaminamos ya camino a Rascafría. Del camino original queda poco pues en los años 70, los aterrazamientos para repoblación forestal borraron del mapa el trazado del antiguo camino histórico, que fue sembrado de pinos. Antes de esto veremos un antiguo pluviómetro, último punto a partir del cual, cogeremos ahora sí la pista forestal que se utilizó para la reforestación y que zigzaguea hasta la formación rocosa del carro del Diablo, nombre que nos evoca una antigua leyenda que cuenta magistralmente Alfredo Merino en El Mundo "No está claro si fue por exceso de trabajo o porque le desbordó aquel encargo, pero el caso es que Juan Guas no podía cumplir con el compromiso de terminar la catedral de Segovia. Tanto se demoraba que le llegaron noticias del disgusto que cogió el mismísimo Carlos V. Agobiado, al arquitecto no se le ocurrió otra cosa que venderle su alma al diablo con tal de cumplir el último plazo. Satanás no despreció el ofrecimiento y se metió en faena. De manera sobrenatural, no podía ser de otra forma, a partir de aquel momento el templo empezó a crecer a velocidad de vértigo. Y aunque sobrenatural, Lucifer, tuvo que recurrir a las terrenales canteras de Colmenar Viejo, conocidas por la calidad de su piedra. Carro tras carro, cargados hasta los topes cruzaban la sierra por el puerto del Reventón, el camino entonces más recorrido, para concluir el trato. La catedral tomó forma y sólo quedaba por concluir la segunda torre cuando, sintiéndose a salvo frente al emperador, Guas rompió el compromiso para salvarse también de Belcebú. Se desconoce porqué el diablo no exigió a aquel hombre el cumplimiento del acuerdo, lo que asegura la leyenda es que agarró un cabreo tan monumental que él también deshizo el trato, convirtiendo en roca el último carro que llevaba el material a Segovia. De esta manera, una de las torres de la catedral segoviana tiene menor altura que la otra."


Sea como fuere, continuando por la pista se llega a un cruce con una pista forestal si cabe más ancha que la nuestra. Cogiendo esta pista por la izquierda y continuando unos 30 metros, veremos el carro que nos ocupa y que muchos dicen que más bien se parece a una tortuga con una enorme piedra encima. Tortuga o carro, hemos de volver hacia nuestros pasos, para seguir bajando por la pista original, dejando el canchal del cerro del Diablo a nuestra izquierda hasta llegar a una cancela en la que nos adentramos en el robledal de Los Horcajuelos. Recuperamos aquí el viejo trazado caminero, que escondido bajo la densa arboleda del rebollar, va perdiendo altura a la vez que nos acercamos a Rascafría. Dejamos el rebollar con otra cancela y tras un tramo pronunciado de bajada, llegamos a Las Eras, en donde hasta no hace mucho, los habitantes de Rascafría trillaban el cereal que recogían. Ahí la última cancela y Rascafría. Fin del camino.
River

WPT001: Cascada grande del Chorro

Cascada grande del arroyo del Chorro
panorama

WPT002: Pared de piedra

Vistas de la caída de agua através de la pared de piedra.
River

WPT003: Cascada desde arriba

Vista de la cascada desde arriba
River

WPT004: Cascada pequeña

Vista de la cascada pequeña
Intersection

WPT005: Cortafuegos

Cortafuegos directo hacia el puerto del Reventón
Intersection

WPT006: Salida al camino del Reventón

Salida al camino de San Ildefonso con el Reventón
fountain

WPT007: Fuente de Ruper

Fuente de Ruper
panorama

WPT008: Mirador de Poyo Judío

Mirador de Poyo Judío
Refuge

WPT009: Chozo de la fuente del Infante

Refugio del Chozo de la fuente del Infante
fountain

WPT010: Fuente del Infante

Fuente del Infante
Archaeological site

WPT011: Ruinas del pabellón de caza

Ruinas de pabellón real de caza
Intersection

WPT012: Puerto del Reventón

Puerto del Reventón
Summit

WPT013: El reventón

Cerro El Reventón, 2073 m.
Intersection

WPT014: Pluviómetro

Viejo pluviómetro

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