Time  8 hours 15 minutes

Coordinates 1362

Uploaded October 16, 2016

Recorded October 2016

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near Manzanares el Real, Madrid (España)

Para el fin de semana de pilares, aprovecho para acercarme hasta la Sierra de Guadarrama, y más concretamente a su vertiente Sur, en la que se sitúa la Pedriza, perteneciente al término municipal de Manzanares el Real.

Desde Zaragoza, tomo el A-2 hasta Madrid, salgo en la salida 9, donde empalmo con la M-40 y unos kilómetros más adelante con la M-607, dirección Colmenar Viejo, Tres Cantos.

Pasada dicha población, tomo la M-609 hacia Soto del Real, y más tarde la M-608 hacia Manzanares del Real, por la que bordeo el embalse de Santillana, hasta alcanzar la población de Manzanares del Real.

Sin entrar en ella, la circunvalo, y medio kilómetro más adelante, cojo a mano derecha, la pista asfaltada de acceso a la Pedriza, por la que continúo hasta alcanzar el descansadero de Canto Cochino, donde aparco la furgoneta, y en el que se puede dormir fuera de temporada alta.

A la mañana siguiente, iniciamos el recorrido, descendemos por la pista hasta el descansadero de los Mesones, situado junto al cauce del río Manzanares, que cruzamos por un puente de madera, en el que convergen el PR.2 y el GR.10.

Una vez en la otra orilla, llegamos junto a los Barracones, punto en el que comenzamos el recorrido circular, en está ocasión, giramos hacia la izquierda, por amplio camino, por el que en poco más de cien metros, llegamos hasta una bifurcación, donde tomamos el ramal de la derecha, por la que sigue el PR.2, por el conocido camino, como la Autopista, y por la que nos adentramos en un espeso pinar, paralelos al cauce del arroyo de la Ventana, donde comenzamos a ver los primeros bolos, y algunas rocas con formas animales, e incluso las primeras cabras montesas, que a primeras horas, caminan plácidamente.

Poco a poco, comenzamos a ganar desnivel, siguiendo las marcas blancas y amarillas del PR.2, cuando alcanzamos el kilómetro dos, llegamos a una bifurcación, en la que a nuestra izquierda nace un sendero, por el que tenemos la opción de subir al Cancho de los Muertos, y unos trescientos metros más adelante, otra a nuestra derecha, que va al refugio de Giner de los Ríos, opciones que descartamos, y continuamos por el camino principal.

De vez en cuando, el pinar se abre, y podemos ver algunas de las formaciones más conocidas de esta zona de la Pedriza, como el Pájaro, los Guerreros o el Platillo Volante; cuando estamos llegando al tercer kilómetro, alcanzamos una nueva bifurcación, aquí abandonamos la compañía del PR.2, que más tarde volveremos coger, cruzamos el arroyo de la Ventana y enlazamos a mano derecha por un sendero, por el que comenzamos a ganar desnivel de forma rápida, entre un espeso pinar,

A medida que vamos ganando desnivel, el pinar va desapareciendo, dando paso a la Gayuba, tramo en el que obtenemos una amplia panorámica, por el O de la cresta que forman las Milaneras y Tres Cestos, con el Patriarca en medio, y por el E, la Cuerda de los Pinganillo, donde además de las figuras vistas anteriormente, ahora podemos ver la Muela.

Tras dos horas y cuarto de caminata, alcanzamos el collado de la Ventana, con la majestuosa pared del Cerro de los Hoyos, enfrente nuestro, y con vistas a la Pedriza Posterior, la Sierra Cabrera, y un gran mar de nubes, que cubre por completo las zonas bajas.

A resguardo del viento, aprovechamos para hacer una breve parada, después conectamos con el PR.1, balizado con marcas blancas y amarillas; continuamos por la conocida senda del Termés, por la que cruzamos entre dos grandes bloques de conglomerado.

Nada más salir, observamos nuestro primer objetivo del día, la Pared de Santillana, a cuya base accedemos, tras un suave y corto descenso. Por su benévola cara N, comenzamos a ascender, por una bonita canal, con pasos que no superan el IIº, y con buenos apoyos tanto para pies, como para manos.

Sin apenas dificultad, accedemos a su cima, desde la que obtenemos unas bonitas vistas del cordal, que conforman las cuatro damas, y la cara, además de nuestro siguiente objetivo del día, el Yelmo, que se alza imponente.

Tras disfrutar de las vistas, descendemos con precaución por la canal, alcanzamos de nuevo la senda del Termes, por la que nos adentramos en un espectacular tramo, donde los bloques de conglomerado, se mezclan con los robles, que ya comienzan a mutar de color, debido a la entrada del otoño, y desde el que podemos ver la desafiante cara S, de la pared de Santillana, apta solo para expertos escaladores, acostumbrados a manejarse en la técnica adherencia, tal habitual por estos lares, pero inusual, en el resto de la península.

A partir de este punto, comenzamos el largo descenso, hasta el collado de la Dehesilla, la senda prácticamente desaparece entre los bloques de conglomerado, por lo que tenemos que detenernos continuamente, para avistar las marcas blancas y amarillas, del PR.1, que estratégicamente se encuentran colocadas, en este intrincado tramo del recorrido, en el que incluso nos toca agacharnos, para pasar por un estrecho callejón natural, formado por la unión de los bloques de conglomerado, por el que finalizamos este entretenido tramo.

Por unos instantes, la senda nos da una tregua, nos adentramos en un espeso pinar, por el que trotamos plácidamente, hasta salir de nuevo a cielo abierto, donde podemos ver el mogote conocido como la Bola de Navajuelos, a cuyo jardín, accedemos por un túnel natural, porque el que nos toca arrastrarnos para poder superarlo.

Una vez en el jardín de Navajuelos, hacemos una breve parada para disfrutar de tan magnifico, y monumental circo rocoso, de altivas paredes de conglomerado, donde los bolos se amontonan unos con otros.

Ensimismados, comprobamos, que aún nos hemos llegado al ecuador de la ruta, pero en cambio el reloj, pasa rápidamente las horas, y es que no es fácil avanzar por este terreno.

Así, que nos ponemos en marcha, tomando de referencia los hitos, además de las clásicas marcas blancas y amarillas, del PR.1, situadas en los pasos más cegados, y por los que poco a poco vamos subiendo, realizando algún paso atlético, en los que nos tenemos que estirar bien de brazos y piernas, llegando así, a la base del Risco de Mataelvicial, que aprovechamos para rodear por su derecha, salir a cielo abierto, y encontramos con un buen ejemplar de macho cabrío, que nos mira con desconfianza.

De vuelta al sendero, alcanzamos un pequeño collado, desde el que iniciamos un largo, y pronunciado descenso, por el que debemos perder, los algo más de doscientos metros de desnivel, que tenemos hasta el Collado de la Dehesilla.

Con precaución, descendemos pausadamente, asiéndonos a los troncos de los robles, y apoyando las manos sobre las rocas, para evitar resbalarnos, con los famosos garbancitos de la Pedriza, que pueblan sus pisos, junto con las hojas ya caídas de algunos robles, que lo hacen una pista de patinaje.

A medida que perdemos desnivel, la masa boscosa se vuelve más densa, atravesamos un bonito robledal, donde tenemos que pasar entre un nuevo corredor natural, y nada más salir de él, afrontamos los últimos metros del descenso, hasta que sobre el kilómetro ocho, llegamos al collado de la Dehesilla, en el que hacemos un descanso para tomar un tentempié.

Tras la pausa, el collado ofrece diversas opciones, nosotros tomamos el sendero que nace dirección SE, por el que comenzamos a subir, siguiendo las marcas blancas y amarillas del PR.1, tomando de referencia la Cara y las Cuatro Damas, hacia las que nos dirigimos.

Poco a poco, la pendiente se va acentuando, el sendero realiza diversas lazadas, que disminuyen el esfuerzo, y ya cerca del final, alcanzamos un bonito tramo atlético, donde tenemos que tirar de elasticidad, y probar la adherencia de los tacos de las zapatillas, para llegar al final de la subida, a tan solo unos metros de la Cara y las Cuatro Damas.

Desde el collado, continuamos por la senda del Maeso, donde las rocas vuelven a tomar diversas formas, algunas de las más conocidas de la zona, como Snoopy, Caperucita Roja, o el Acebo, desde el que ya podemos divisar nuestro segundo objetivo del día, el Yelmo, a cuya pradera, nos acercamos en poco más de cinco minutos, por cómoda senda.

Una vez en la pradera del Yelmo, abandonamos la senda principal, nos desviamos hacia la derecha para coger un sendero, que nos adentra en una replaceta, en la que comenzamos a subir por la cara N del Yelmo, por grandes placas de conglomerado, en el que una buena suela, y confianza en ella, nos facilita el paso hasta la conocida fisura, donde la gente se aglutina, esperando a que unos bajen para poder subir.

Para los poco iniciados, la estrechez de la fisura, resulta un grave problema, pero para lo más iniciados en este tema, una vez dentro, resulta coser y cantar, ya que tan solo hay que saber aplicar correctamente la técnica de oposición, utilizando manos y pies, teniendo siempre tres puntos de apoyo, que, ante tanta estrechez, y los buenos agarres naturales que ofrece la roca, es relativamente sencillo.

Una vez fuera de la fisura, acometemos los últimos metros por una extensa placa, donde antes de hacer cima, hacemos una sencilla trepada, por la que accedemos al vértice geodésico del Yelmo, desde el que obtenemos una amplia panorámica.

Una vez coronada, regresamos sobre nuestros pasos hasta la Pradera del Yelmo, donde continuamos por la senda del Maeso, mientras disfrutamos de la cara S del Yelmo, en la que varias cordadas están accediendo al Yelmo, por las vías más conocidas, como Valkiria, o la Calavera.

Ahora, tan solo nos queda por descender los pocos más de tres kilómetros, que nos quedan hasta Canto Cochino, así que, desde la pradera del Yelmo, tomamos la senda, que nace desde ella en dirección SO, por la que tenemos vistas a nuestra derecha de la Torre de la Valentina, y en la que vamos ojo avizor, ya que las jaras invaden la senda, y es fácil perderla.

Con alguna que otra dificultad, enlazamos con la Gran Cañada, donde encontramos una bifurcación de senderos, nosotros tomamos el de la derecha, dirección O, siguiendo las marcas rojas y blancas del GR.10, desde el que podemos contemplar el Pico de la Maliciosa, la Bola del Mundo, y los Picos de la Cuerda Larga.

En este tramo, se nota la cercanía de Canto Cochino, la multitud se agolpa en este sendero, e intentamos coger alguno que va paralelo a este, por lo que avanzamos en tranquilidad, aunque con precaución, ya que el piso resbala bastante y es fácil acabar en el suelo.

Cuando avistamos la Peña Sirio, descendemos unos metros por una torrentera, llegamos de nuevo a la zona baja de la Pedriza, cerca ya de Canto Cochino, cruzamos por un puente el arroyo de la Ventana, y caminamos por amplio sendero, hasta alcanzar los Barracones, donde cerramos el círculo, cruzamos el cauce del río Manzanares, y por amplia pista asfaltada llegamos al Descansadero de Canto Cochino, donde damos por finalizada, esta espectacular, atlética, y gimnástica ruta circular por el corazón de la Pedriza.

P.D.: Tiempo en movimiento 4:40 horas

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