Time  7 hours 45 minutes

Coordinates 1755

Uploaded July 25, 2018

Recorded July 2018

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near Benasque, Aragón (España)

S-3 Valle de Estós. Ibón de Escarpinosa. Ibón grande de las Batisielles

Transcurre en parte por el valle de Estós, un valle amplio salpicado de bosques y flanqueado por gigantes de más de 3.000 m. que aportan grandiosidad a un paisaje muy armonioso en cualquier época del año.
Concluye en el impresionante ibón de Escarpinosa, en cuyas aguas podemos ver reflejadas las magníficas agujas del Perramó.
El sendero comienza en el aparcamiento ubicado al inicio del valle de Estós. La primera parte del sendero remonta el valle de Estós, coincidiendo con la senda marcada como GR 11. El recorrido pasa junto al pequeño refugio pastoril de la Cabaña de Santa Ana y continúa por la pista hasta encontrar el desvío hacia al Ibonet de Batisielles, que encontraremos bien señalizado a nuestra izquierda. Dejamos la amplia pista del fondo del valle (GR 11) y tomaremos el desvío hacia el ibonet, cuya senda asciende por un frondoso bosque hasta encontrarnos con un diminuto lago en una zona de praderas. Es el ibonet de Batisielles.
Sendero S-3: Valle de Estós – Ibonet de Batisielles – Ibón de Escarpinosa
Para llegar al final de nuestro recorrido debemos continuar aproximadamente 40 minutos más, siguiendo las señales direccionales que nos conducirán por una pequeña senda hasta el impresionante ibón de Escarpinosa.
Si decidimos terminar la ruta aquí, solo hay que regresar por el mismo sitio. En el caso de continuar, hay que advertir que el sendero (en realidad no hay sendero, aunque aparezcan en los mapas) está solo señalizado por mojones de piedra. Es un inmenso canchal de grandes bloques de granodiorita (parecida al granito), donde hay que hacer fáciles trepadas y destrepadas con mucho cuidado hasta llegar a unos pequeños lagos optando por subir al ibonet de L’Aigüeta de Batisielles o directamente al ibón grande de las Batisielles, imponente lago de forma casi cuadrada. En este punto conectamos con el GR 11.2 que nos deja en el ibonet de las Batisielles, donde regresamos por el mismo camino que hicimos desde el inicio de la ruta.

Esta ruta ha sido organizada y guiada por nuestro compañero David Molero, guía de montaña TD 2.

Es parte de una serie de rutas en el valle de Benasque, promovida por el Club La Pandera (Jaén) del 8 al 15 de julio de 2018.

GLACIARES DE LOS PIRINEOS DEL PARQUE NATURAL POSETS–MALADETA

La presencia de ibones, lagos o lagunillos en sistemas montañosos indican la existencia de un antiguo circo glaciar, que a veces se confirma con otros elementos como morrena y rocas aborregadas, es decir, limadas por el glaciar.

En esta ruta hemos visto dos grandes ibones y otros pequeños (ibonet). Hoy en día es un placer disfrutar de ellos rodeados por altos picos nevados y por los bosques, ríos, cascadas...

La impronta más característica del relieve actual de la comarca de Ribagorza, al menos en la zona más alta, la generaron los glaciares, que ocuparon gran parte de la cordillera durante el último millón de años (Cuaternario: Pleistoceno superior). Durante este periodo se sucedieron diversas fases frías, conocidas como glaciaciones, en las que la acumulación de nieve y su posterior transformación en hielo dio origen a glaciares. Las glaciaciones más «recientes» son las denominadas Günz, Mindel, Riss y Würm, y de ellas la última, que ocurrió entre 80.000 y 30.000 años, es la mejor conocida, ya que parte de los sedimentos morrénicos depositados por los glaciares pueden reconocerse en la actualidad.

La Ribagorza es la comarca altoaragonesa que cuenta con mayor número de glaciares así como con la mayor extensión de superficie glaciar. Dado que el Pirineo, en su sector aragonés, es la única cordillera española que conserva glaciares funcionales o vivos, podemos señalar que dicha comarca es la principal, en todo el territorio español, en cuanto a representación glaciar. Este hecho, lejos de ser anecdótico, presenta gran importancia. Los glaciares altoaragoneses son los más meridionales de Europa y constituyen sistemas naturales de extraordinario valor ambiental y científico. Estas superficies de hielo representan los últimos restos de las glaciaciones cuaternarias, que afectaron a toda Europa septentrional, a buena parte de la Europa central y a la mayor parte de las cordilleras de este continente, incluyendo a las más importantes de la Península Ibérica.

La impronta del glaciarismo pleistoceno en los valles ribagorzanos (circos, valles en artesa, cubetas de sobreexcavación, depósitos morrénicos, etc.) nos habla de un fenómeno que alcanzó notables dimensiones, de las más importantes del contexto pirenaico.

Rocas aborregadas, por la erosión de la lengua del glaciar



Morrena del glaciar


Durante el último máximo glaciar (hace 50.000-45.000 años), cuando las temperaturas eran del orden de 6 o 7 grados inferiores a las actuales, la existencia de extensas superficies montañosas sometidas a las denominadas nieves perpetuas, provocó la acumulación de potentes masas de hielo que fluían desde los circos de cabecera hacia los dos principales valles de La Ribagorza: el del Ésera y el del Noguera Ribagorzana (este último limítrofe actualmente con Cataluña).

Coetáneo al desarrollo de la lengua glaciar del Noguera Ribagorzana durante el máximo pleistoceno, el valle del Ésera estaba ocupado por un glaciar que se deslizaba desde la cabecera del valle hasta las inmediaciones del congosto de Ventamillo, por debajo de la actual localidad de Castejón de Sos (900 m de altitud). Esta lengua de hielo alcanzó 36 km de longitud y pudo superar los 500 m de espesor en las cubetas de Benasque y Eriste. Su gran desarrollo glaciar durante el Pleistoceno final es explicable gracias a la presencia de los macizos montañosos más elevados de la cordillera pirenaica (Maladeta-Aneto, Posets, Perdiguero), un extenso territorio de alta montaña, entonces permanentemente innivada, que proporcionó ingentes volúmenes de hielo al valle del Ésera a través de destacados afluentes, algunos de grandes proporciones y con entidad glaciológica propia: Remuñe, Literola, Estós, Eriste, Cregüeña, Vallibierna, Ampriu, entre otros. Finalmente, cabe recordar que dos macizos ribagorzanos situados fuera del eje axial de la cordillera (Cotiella y Turbón), albergaron testimonios mucho más modestos del glaciarismo pleistoceno, limitados fundamentalmente al desarrollo de glaciares de circo. Poco tienen que ver aquellos colosos glaciares, que ocupaban los principales valles ribagorzanos, con los restos testimoniales que hoy podemos encontrar en estas montañas.
Actualmente, los glaciares ribagorzanos se reparten entre dos macizos: Posets y Maladeta. El primero, a caballo entre las comarcas de Sobrarbe y Ribagorza, cuenta con dos glaciares (La Paúl y Llardana), con una superficie total de unas 31 ha, mientras que el de Maladeta acoge seis aparatos (Maladeta Occidental, Maladeta Oriental, Aneto, Barrancs, Tempestades y Coronas), con superficie conjunta aproximada de 173 ha. Además de los glaciares en sentido estricto (masas de hielo que muestran señas de movilidad, con grietas de tracción), hay varios heleros (antiguos glaciares que han pasado a masas de hielo sin signos aparentes de movilidad) en los dos macizos reseñados y también en el de Perdiguero.

Limitándonos a los glaciares, los ubicados en la Ribagorza representan el 75% de las superficies glaciares del Pirineo aragonés. De todos ellos, el más importante es el de Aneto, con unas 90 ha (33% de dichas superficies), flanqueado por los glaciares de Maladeta Oriental, al oeste, y de Barrancs, al este. Es un glaciar más ancho que largo, con dos lóbulos o pequeñas lenguas claramente dibujadas y con unas dimensiones máximas de 1.700 m de anchura por 800 m de longitud, ubicado entre las cotas 3.330 m y 2.810 m. Es el mayor glaciar del Pirineo, incluyendo sus dos vertientes, la francesa o norte y la española o sur. El clima, responsable directo de la extensión y desarrollo de los glaciares, presenta actualmente unas precipitaciones que superan los 1.000 mm anuales en los valles y, probablemente, rebasa los 2.000 mm (gran parte en forma de nieve) en las cumbres de los principales macizos montañosos. La temperatura media anual se encuentra por debajo de los 10° en los valles y es inferior a 0° en las cumbres. Pero en nuestra latitud y con montañas que escasamente superan los 3.000 m de altitud, estos parámetros ambientales resultan actualmente insuficientes para el desarrollo glaciar, y no solo en La Ribagorza. Las actuales condiciones climáticas del Pirineo son críticas para el mantenimiento de los glaciares, lo cual explica su muy importante retroceso, especialmente marcado desde los años ochenta del siglo XX. Es fácil entender que, en su práctica totalidad, estén constreñidos en laderas de orientación norte (predominando la variante noreste), las menos insoladas, las más favorables para la persistencia de la nieve y del hielo. De todos los glaciares indicados solo uno escapa a esta norma, el de Coronas, a los pies del Aneto, con orientación suroeste y en un estado especialmente crítico que hace augurar su próxima desaparición. En su conjunto, los actuales glaciares ribagorzanos representan solo una tercera parte de las superficies glaciares existentes hasta el siglo XIX, en la fase final de un periodo frío conocido como la Pequeña Edad del Hielo (con temperaturas medias aproximadamente 1 °C más bajas que ahora). Si las actuales condiciones climáticas no varían y los procesos de calentamiento global no disminuyen drásticamente, estos glaciares desaparecerán con toda seguridad. Los más pequeños, en el plazo de pocos años. Los mayores, en varias décadas. Por esta razón resulta tan importante su estudio, ya que representan auténticas joyas ambientales en trance de extinción. De cualquier forma, y mientras duren, constituyen uno de los símbolos principales de La Ribagorza, que puede presumir con orgullo de contener en su territorio estos elementos de absoluta singularidad en el sur de Europa, seña de identidad de las más altas y bellas montañas. Ojalá las generaciones venideras puedan disfrutar de ellos de la misma forma que lo hemos hecho nosotros.

EVOLUCIÓN GEOLÓGICA
La estructura geológica que presenta actualmente el Pirineo es el resultado del último acontecimiento tectónico que tuvo lugar: la convergencia norte-sur de la Placa Ibérica con respecto a la Placa Europea desde el Cretácico superior hasta el Mioceno. Sin embargo, la historia geológica de los Pirineos puede decirse que comienza en el Triásico, hace unos 200 millones de años. Con anterioridad existió otra cordillera, formada durante la Orogenia Hercínica, en la que se vieron involucrados los materiales de edad paleozoica «recientemente» sedimentados. Al final del plegamiento se produce la intrusión de cuerpos ígneos, representados en La Ribagorza por los batolitos graníticos de Maladeta y Posets principalmente.

http://www.aragon.es/estaticos/GobiernoAragon/Departamentos/PoliticaTerritorialJusticiaInterior/Documentos/docs/Areas/Informaci%C3%B3n%20territorial/Publicaciones/Coleccion_Territorio/Comarca_Ribagorza/NA_2.PDF

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Cabaña de Santa Ana
Cascvada del Ibon azul
Desvio a la izquierda
Desvío izqda. Hacia Ibones
Embalse de Estos
Ibonet de Batisielles
Ibón de Escarpinosa
Ibón Grande de Batisielles
Palanca de d'Aiguacari
Palanca arroyo Gran Batisielles
Puente de los Carboneros
Senda Bosque de Batisielles

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