Coordinates 23670

Uploaded October 30, 2019

Recorded October 2019

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near Puente Nacional, Santander (Republic of Colombia)

Primero de Octubre

Quería hacer realidad la promesa de destruir esa parsimoniosa realidad y volver a viajar en bicicleta y ha ganado la nostalgia a lo nuevo y no sé si sea tendencia actual, pero poco me importa y repetiría camino (…) Inicio con poca emoción, pero decidido a cazar, todos los kilómetros que pudiese ese día y así fue como llegué a ver morir el asfalto bajo las ruedas y sentir el fuerte sol, que se iba, con el paso de cada segundo, pero que acogía feliz. Crucé las tierras del viejo pueblo de Albania con su enjambre de recuerdos. Poco después de abandonar Santander, me cobija la primera lluvia y con sorpresa veo, como se acerca a mí, otro ciclista; un caballero de edad, que con morral a la espalda y bicicleta de carreras, sorteaba las piedras y huecos de la trocha que se vestía de barro. Su meta era mi partida, pues tenía familia en mi pueblo. No le dije la hora en la que había salido de Puente Nacional, para no restar su moral, luego de que yo supiera que ese mismo día, él venía de la capital y que aún le faltaban unos setenta kilómetros más para llegar. Bajo la lluvia nos despedimos y prometió volver, para así poder contarnos bien, esas historias que estaban escribiéndose en ese mismo momento, con la pluma de la aventura.

Yo me encontré empapado por la lluvia e inundado de una naciente emoción, contagiada por aquel nuevo amigo y al ver como los pájaros disfrutaban del agua que bajaba sin tregua, me propongo llegar al occidente de Boyacá y ya en la noche, acompañado de una tenue neblina y las caseticas iluminadas tímidamente, de venta de todo tipo de frutas, más la reaparición del asfalto, que hacía imperceptible la vía para mis brazos, llego a Pauna donde paso mi primera noche de esta travesía.

El Eterno Ascenso.
Amanezco con el cañón del Río Minero, que de vez en cuando se desbarata con la lluvia, para así hacer del tráfico, simplemente imposible. La lluvia seguía de actriz principal, esa mañana, pero al ascender lentamente en el camino hacía San Pablo, a pesar de su carácter torrencial, me deja ver entre los mantos blancos de aquella neblina, los cerros de Fura y Tena, quienes me hacen recordar la leyenda del génesis del pueblo Muzo, enmarcada en una historia de amor, que culminaría en trágica traición. Intento domar el desespero de no avanzar casi nada y la vía se hacía rogar para estar en Otanche, por paisajes de extrañas formas a lo lejos, insuflados de vida y gran diversidad. Llego, luego de cruzar por la modesta pero bonita Santa Bárbara. Fue el primer poblado que me permite entrar a su capilla y así termina el día, de un viaje que al final no tenía destino definido aún. Otro amigo viajante en bicicleta, aparece; un francés muy amistoso que con gigantes alforjas, ya ha recorrido miles de kilómetros por toda la América. Hicimos cada uno el papel de predicadores del futuro y auguramos secretos que esconde la vía que acabábamos cada uno de cruzar.

La Magia de la Selva.
No podía creer la majestuosidad del entorno que de repente me abrazaba en esa mañana soleada, luego de abandonar Otanche. Después de ascender por una trocha que aparece sin aviso, pero adornada por cascadas y riachuelos que pasan por la vía, donde sin dudarlo, de cabeza me metía, he llegado a la serranía de las Quinchas, indescriptible, inmenso y majestuoso paraje que alberga animales, árboles y montañas únicos, como si alguna vez todo fuese selva y este retazo del país, se resistiese a cambiar su frondoso y tupido traje, por los predecibles potreros con rumiantes esperando la muerte. De pronto me hallé inmerso en una soledad abrumadora, profunda y espectacular, que me llenaba el corazón de gozo, porque era la naturaleza y yo, en una cita privada, con el concierto de los pájaros, el agua, los insectos y el viento, que me sobrecogían en un mar de colores y aromas al unísono. Avanzada la tarde, me encuentro en una de las cimas de la serranía en donde de repente, se presenta ante mí, todo el esplendor de un horizonte ya sin montañas, que me esperaba; el valle del Magdalena Medio, que abajo se veía interminable en la distancia y yo divisándole desde el balcón más privilegiado, a la misma altura de las nubes. Descendí por un camino rústico, con tráfico nulo y pocas casas. Las aves salían alzando vuelo con mi pasar, desparramando su gama multicolor en el cielo; no daba crédito a tal belleza, bien llamada, “el otro pulmón de Colombia” No eran Guainía o Vaupés; estaba en Boyacá (…)

Pronto estaría, después de descender la montaña, acompañado a mí derecha por el río La Cristalina y por la izquierda, serpenteante, el Guaguanquí, que marca los linderos entre Boyacá y Cundinamarca y al estar ataviado por el calor que es ineludible en estas, ya bajas tierras, sin dudarlo y con la venia de mis mapas, me adentro por el curso de la Cristalina, asombrado cada vez más, con cada paso que doy, con el verdor y pureza de sus aguas, las que no solo disfrutaba con la vista sino, que también refrescaban el tacto y destrozaban la sed que traía de tierras más altas. El cañón que me esperaba poco después de abandonar el camino, era alucinante, como sacado de una obra de ficción y sin dudarlo me sumergí para hacer snorkel con la complicidad de la transparencia más absoluta, entre aquellas dos paredes gigantes. Pronto caía la tarde y debía buscar un lugar para acampar y en sus amplias playas de arena oscura clavé mi casa. Los arreboles se enloquecían en el cielo en una danza de nubes esparcidas en el infinito de un cielo cada vez más tenue. Era el fin de un día en soledad, de felicidad, al ser uno solo con la madre naturaleza.

Atrás quedaron las montañas y salgo de un Puerto Romero irreconocible, pues lo que años antes era imposible, por la violencia, hoy hace de este, un bonito poblado, con sus gentes sonrientes en sus humildes calles, ahora llenas de comercio, saludando incluso al ciclista, hablando, caminando o viendo pasar la vida, luego de una dura jornada de trabajo, "¿De dónde vienes?, ¿Para dónde vas? ¿Todo ese recorrido en bicicleta? ¿Te vas a quedar a las fiestas? lo que tal vez antes era un puñado de casas, calles fantasma, con la gente escondida en ellas y solo una tienda abierta, hoy destilaba vida y cordialidad. Avanzo por una rizada vía que no me deja ir rápido, pero aun alucinando por lo visto montañas atrás y extrañando el agua cristalina, gracias al sol del valle del Magdalena, que desde temprano, ya era imponente y hacía mella. Por primera vez sentía verdadero calor en mucho tiempo y no sabía si alegrarme o sufrir en silencio, porque en un viaje así, no nos podemos quejar.

Las garzas jugueteaban entre el ganado y los pocos árboles en inmensos potreros repetían teatralmente esa escena hasta mucho después de salir de Boyacá; atrás quedaba ya la selva. Puerto Boyacá no estaba en mis planes, pero tuve que visitarlo para encontrar alguna solución para el daño de mi teléfono, sin ser posible y allí me pesca un aguacero más, con más fuerza. Regreso a la vía principal y así, al cruzar el gran Magdalena, abandono las tierras boyacenses. Justo antes del gran río, una venta de piña me hace parar, para matar la sed, antes que ella acabe conmigo y mientras recupero algo de cordura, robada por el calor poco piadoso, por fin llego a Antioquia. Un buen hombre con una carreta de reciclaje, me ofrece agua en medio del puente del río más grande de Colombia, lo que siempre me hace recordar, que quienes menos tienen son los que más dan. le di todos los bocadillos que pude, ya que no estaba dispuesto a comerlos en esa canícula; un par de fotos del hermoso cause, que pareciera que danzara lento, pero que al igual que yo, necesitaba ir así para llegar muy lejos; Sigo mi rumbo. Doradal no estaba lejos y ya en Antioquia, la vía estaba bordeada de árboles que daban una sombra anhelada y allí ya debía parar, a pesar del ruido de la música, el comercio y el bullicio de la gente que anegaba las calles hasta altas horas de la noche.

Incordio y Meditación
Los tres días siguientes fueron dispendiosos en principio y lograban hacer que me quejase de mi situación, en la que el omnipresente asenso, me dictaba el guión de la cotidianidad, donde el odioso carácter de renegar, aparecía sin haber sido invitado, pero se quedaba por más tiempo del que uno hubiese querido. Después de Doradal, tenía descensos importantes, sobre todo antes de arribar al magnífico paraíso del Río Claro, pero en mayoría, había que subir y subir hasta el cansancio y acampando cerca de la carretera, oculto en baldíos o detrás de humildes casas con gente hospitalaria, en donde uno de esos tres días, me cedieron una cama y en todos los ocasos de aquellas jornadas antioqueñas, siempre una cena y una familia que me invitaba a compartir, para dibujarles mis historias.

Ese incordio de huésped (o intruso más bien) huyó, después de mi franqueza con él. Le miré fijamente y le dije “Soy quien manda y aquí no eres bienvenido, no me vas a hacer quejar en este viaje, ni del ascenso, ni del tráfico, ni de la lluvia, ni del frío, del calor o la soledad, ni del peligro, del poco dinero, de mi poca fuerza o mi hambre y sed constantes; no me harás dudar más ni tentarme a tomar el atajo de subirme a un bus, no me va a derrotar la duda ni el cansancio, no voy a querer estar entre algodones y bienvenido lo que sea que pueda incomodar, si es para avanzar en el camino” Lo que termina impulsando.

Fue así como poco después que se fuera ese inoportuno intruso, aparece por la puerta la hermosa contemplación, quien traía hermosas compañeras, como la capacidad de meditar, agradecer, respirar hondo y despertar en el mejor lugar en el que podría estar y no era otro más que el presente y con cada asenso, curva o inmersión en el verde boscoso del margen de la carretera, o el de las aguas de los hermosos ríos, simplemente meditaba y agradecía lo hermoso de este viaje. No tenía derecho a una queja más. Entre los más hermosos paisajes y pueblos que engañaban por su falsa cercanía en un horizonte apacible, que aparecían, se iban y regresaban horas después intentando quebrantar la voluntad, como Cocorná, dando esa sensación de no avanzar nada, llegué a Guarne donde por fin, ya en horas de la noche de ese tercer día de ascenso, me esperaba Lili, con el premio de por fin, conocerla en persona y quien me ha servido de guía con las mejores rutas y ánimos, cuando no podía pedalear.

Lili y su compañero Luis, me han brindado una hospitalidad maravillosa, que hace que todo haya valido la pena. Podría terminar aquí el viaje y darme por bien servido, por cumplir estos propósitos de regresar a estar tierras y disfrutar por conocerles a ellos. Complacido y agradecido, subimos a la Piedra del Peñol y quedé aterrado sabiendo que Lili la escaló tiempo atrás, visitamos Guatapé, el pueblo de colores, de los más hermosos de Colombia y el hermoso embalse que desde la cima de la piedra, a pesar de mi terror por las alturas y que los tequilas no sirvieron de mucho para manejar la cordura, me ha dejado una alegría inmensa e imborrable. También volver a Medellín después de tantos años y ver sus luces empotradas en la montaña, la hermosa Sabaneta, Envigado y las bellas vistas de la capital de Antioquia, que se metían como postales eternas en el álbum del recuerdo.

La Bicicleta no Sólo Lleva a Lugares, También a Amigos.
Después de disfrutar y reconocer a Medellín, en sus plazas y parques, el metro, el tranvía que no conocía y ver de lejos el Metro cable donde no volveré a subir en décadas, para no quitarle el puesto a la señora Gloria, en cantidad de groserías por segundo, me he encontrado en Sabaneta con dos miembros bastante influyentes de Wikiloc, los amigos Diegono y Óscar Upegui, quienes al igual que Lili, ostentan una amplia y variada lista de rutas dentro y fuera de Colombia y a quienes también hace años admiro y que al final quería lograr compartir una ruta con ellos. Es así como la bicicleta me ha permitido no solo conocer lugares, sino también amigos con los que comenzaba a vivir las mejores experiencias en bicicleta y esa mañana, viramos al sur para ascender por todo tipo de caminos, hasta el poblado de Caldas y los hermosos bosques de La Valeria, para regresar a Sabaneta después de más de treinta kilómetros de los mejores paisajes y terrenos. La ruta estuvo amenizada además por la mejor conversación entre los tres y unos súper sándwiches preparados por Óscar, que a mí me han devuelto las fuerzas, porque estos dos amigos, pedalean con una potencia envidiable. Al regresar a Sabaneta, despedimos la tarde con una buena cerveza en pleno parque y con un almuerzo en casa de Diegono mientras la lluvia hacía de las suyas en toda la ciudad. Estoy feliz con la vida y este viaje por conocer por fin a mis amigos de Wikiloc, Lili, Óscar y Diegono, con quienes pude compartir, como la más hermosa revancha, después de no poder en mucho tiempo, disfrutar el simple y magnífico acto de pedalear. Por fin podía dar más que un gracias, por las rutas compartidas. Viví unos días inolvidables.

Se acercaba la despedida de Medellín, pero los últimos días quería pasarlos en compañía de Luz Marina y Cayita, la mamá y la tía respectivamente, de mis amigas Laura y Natalia, con quienes también he compartido muchas historias, no solo sobre una bicicleta y el recibimiento no podría ser mejor, pues Cayita, quien no me veía desde hacía seis años, cuando vine por primera vez a Medellín, me ha recordado y Luz Marina, me ha hecho sentir como en casa, como también lo hizo su madre, la señora Merce, seis años atrás, aunque ella ya no esté físicamente, pero a quien se le recuerda con amor y gran afecto.

Pasé unos días muy apacibles y de descanso tan necesario para el regreso, recorrimos el centro y fuimos a un emblemático café, recomendado por mi amigo Diegono, quien a su vez, me invitó junto a su esposa, al famoso Pan Chocha, a las afueras de Medellín, en donde además de una vista nocturna espectacular de la ciudad, se mataba el frío con el mejor pan con queso horneado y chocolate del mundo. Una maravilla que el gusto y el paladar, difícilmente olvidarán. En el café Málaga, recordamos, con ella, cobijados con la buena música del ayer, a quienes ya no están y son de nuestro afecto; nuestros padres y su esposo Javier, cómplice de aventuras de mi papá, quien muere muy joven. No podría irme de esta ciudad sin pedalear con Lili y nos embarcamos en una ruta urbana nocturna por Sabaneta y Envigado, por emblemáticos trayectos entre avenidas, parques y vías rurales, donde muchos más ciclistas también sacudían la rutina. Fue la mejor despedida de Medellín. Quise ir al cerro Nutibara y admirar desde lo alto la ciudad que una vez me curó la tristeza y esta vez, años después me ha acolitado la alegría de vivir pedaleando y me ha acercado a las mejores personas. Decido a último momento cambiar el rumbo, hacia el norte, pero no para volver, sino queriendo imitar el curso del Cauca y conocer sus bajas tierras. Luego me vi en el norte de Antioquia, donde se prometían los más bellos paisajes de tierra alta y fría. Comencé a subir por una vía alterna que el GPS me aconsejó para no tomar la principal que me sacaría de Medellín.

El Error y la Oportunidad
Luego de ascender por empinadas calles alternas en unas dos horas, un elegante señor que salía de su caseta de venta de piña, en la comuna siete, entre ya casas más humildes y calles de escaleras, me hace el pare a doscientos metros de la central que ya se veía desde abajo donde estaba y que me ponía oficialmente fuera de la capital de la montaña y me dice firmemente “Por favor devuélvase; aquí no siga subiendo porque más arriba, le roban esa bicicleta o los combos o pandillas territoriales, no lo dejan pasar y lo pueden joder” Le compré piña y agradecí por el consejo y pasando por la pena de regresar en descenso por las mismas calles que subí, se pincha mi rueda trasera en medio de una calle poco transitada, donde unos jóvenes de no muy confiable aspecto, se me acercan a ofrecerme llevar mi bicicleta para un taller calles más arriba e incluso ofreciéndome dinero para que allí la repare. Les sonrío son seguridad, que disimula hábilmente mi desconfianza, saco mi bomba y despincho, mientras les hablo imitando el acento paisa de ellos mismos; rechazo amablemente el dinero y propongo que con eso, nos tomemos una gaseosa y así tal cual, con bicicleta reparada con la ayuda de todos, y dos bebidas después, invitada por ellos, regreso con nuevos amigos, de quienes poco antes desconfié, bajando por donde venía, para regresar a un ascenso que casi en la noche me saca de Medellín.

Norte
Inverosímil paisaje y la vista de Medellín, desde la vía principal, me acercaban a San Félix, ya con un frío como el de Boyacá, pero eso no me impedía comerme un helado en el pequeño poblado, solo porque la señorita que los vendía, sonreía de una manera preciosa y de forma amigable me invita uno más. Luego de que la noche me sorprendiera y después de escasos cuarenta kilómetros de ascenso, llego a San Pedro de los Milagros, cuya iglesia me deja perplejo, pues su interior se tapizaba de las más bellas obras de arte sacro, siendo bien llamada la Capilla Sixtina de Colombia.

Emprendo rumbo a Yarumal, pero antes me encontraba con pueblos muy pintorescos y tradicionales de Antioquia, con pasajes rurales inolvidables como Entrerríos, con un Río Grande espectacular que engalana las montañas y buena comida, además de su gente, que en el camino me ofrece agua o frutas o Santa Rosa de Osos y su tranquilidad y cultivos, hasta donde alcance la vista. Me quedaba corto en fuerzas para llegar a la Sultana del Norte, mi propósito de esa jornada y de esta manera, en constante asenso y con la tercera lluvia del viaje, debía buscar donde armar mí carpa en los Llanos de Cuivá, punto más alto alcanzado hasta ahora y en donde la noche y la lluvia me saludaban. Sin éxito tras pedir ayuda en la policía, veo una casa que están restaurando y sin pensarlo pido quedarme en la obra por la noche; los dos hombres y la mujer que resanaban las paredes, no dudaron en abrirme la puerta para armar mi carpa dentro de una habitación y quitarme litros de agua de encima.

El Fin
Llegué temprano a Yarumal, sin saber que se descendía por veinte kilómetros desde los Llanos de Cuibá y allí escuché el concierto improvisado de tres amigos campesinos que adornaban las calles con la música de cuerda tradicional antioqueña. Conocí a una bella ciclista, me compré un buen sombrero y seguí mi camino armándome de valor para coronar al famoso Alto de Ventanas, donde la niebla reinaba y se comenzaba a divisar el paisaje más espectacular. Por aquí alguna vez pasó, quien me enseñara a viajar en bicicleta, mi gran amigo Jameboi de Argentina, quien desde Alaska hasta Ushuaia, devoró todo el continente americano, a solo pedal. Un cañón impresionante y las márgenes de carretera cada vez más selváticas, se abrían ante mí y poco después de ascender al alto y volver a bajar para decirle definitivamente, o al menos por este viaje, adiós a la montaña, sonreía quitándome el peso de los días anteriores. Pasé por el pueblo sin plaza, llamado Valdivia, en donde me detiene un convoy militar y me advierte que el orden público no es el mejor y la alegría del descenso se desploma por la sugerencia de los militares, de subir a un bus. Era el fin del viaje, pues tal vez desde allí, tomaría transporte para regresar a casa.

Me escabullí y continué hasta Puerto Valdivia, y al final acerté, pues llego a ese pueblito bucólico y me vi afortunado; agonizaba el día, disfruté del Río Cauca desde el puente y admiré la vida novelesca, tal vez nada fácil de quienes allí viven y me sentía como en los cien años de soledad, con su gente pescando a redes y chalupas y las casas con abuelos que descansan en sus hamacas donde al frente ven jugar a sus niños. Un paisaje que no esperaba ver después de que hacía apenas unas horas escasas, el escenario era muy distinto, de montaña vestida de frío o neblina y ahora estaba en medio de un impresionante cañón, entre el calor y vallenatos, como si se tratase de un pueblo costero. Allí conocí unos niños y una amable señora, quien me puso a pensar y con buen consejo me pidió que me subiera al bus, porque adelante estaba más caliente que es como le dicen aquí a la violencia de un lugar, pero al final decidí continuar con mi viaje hacia el norte, por el bajo Cauca, para entrar a la gran sabana, aplazando aún más, aquel regreso a casa, sin importar que disfrutara del paisaje sabanero, a través de una ventana.

Desde la Ventana
La luna de la madrugada, era copiada por el río Cauca que era circundado por esta vía en la que el bus con mi bicicleta desarmada en un baúl, se movía a gran velocidad, con el aire acondicionado a tope congelándome todo, excepto el ánimo. Una que otra silueta de las palmeras se filtraba con la tenue luz de la noche y el tímido cielo se reflejaba en aquellas dulces aguas intrépidas que llegarían hasta el mar. Me tocó junto a una chica de Praga, que viajaba estos países en bus y disfrutando de mis fotos, me decía, “me devuelvo a esos pueblos, nunca paro en ellos y ahí es mejor, hay más vida”. Le dije, que aún quedaban muchos, en esta gran sabana y cerca de Santa Marta a donde ella iba, podría disfrutar de muchos de ellos, incluso de Nueva Venecia, un pueblo lacustre entre las aguas de la ciénaga Pajaral cerca al mar, que la dejó alucinada. Días después me envío una foto desde allí con una gran sonrisa y su morral. Me lamentaba en silencio, mientras hablaba con ella; ¿Cómo sería pedalear de noche entre estos paisajes de llano infinito, chozas de paja, el Cauca pululando junto al camino y la gente de la sabana de Córdoba, sonriendo a mi paso? Algún día será, por ahora, Sampués y Sincelejo ya en el vecino Sucre me esperan.

Sincelejo Musical
Pagué hasta Sincelejo pero ya con la luz del día, me bajo poco antes de Sampués, justo cuando Córdoba se acaba y puedo pedalear un poco de lo que es la Sabana. El gran sombrero vueltíao y el acento de la gente me dicen que estoy más lejos aún y atrás queda la hermosa y noble cultura paisa. Un fandango suena en una tienda y mi corazón se alegra, estoy en la tierra de las papayeras, de la música que alegra mi corazón y la que interpreto en percusión con toda mi alegría. La felicidad se acentúa cuando sé que en Sincelejo a pocos kilómetros de allí, me espera mi familia. Mi prima Sharon y su esposo Silvio a quienes no conocía y con quienes luego pasé días extraordinarios de descanso en la bella capital de Sucre, disfrutando platos alucinantes como el Mote de queso, los bollos dulces, los churros, el arroz con coco y pescado cojinúo. Vi una banda papayera, celebrando un cumpleaños en una esquina y no dudé en pedirles parar y bajarme del carro. Era un cachaco feliz en alpargatas, escuchando la música de esta tierra, interpretada por verdaderos maestros de las Puyas y Porros; Alma y cuerpo bailaban. Conocí con mi familia, desde barrios, hasta alrededores desde donde a lo lejos, cuarenta kilómetros al oeste, se veía una delgada línea marítima y la fauna, la decadente arquitectura republicana, la comida, la historia, la gente de la sabana, me enamoraban.

Nos Vemos Otra Vez
Mi encuentro con el mar en Tolú fue increíble. Esa sensación indescriptible que aun repetida en otros lugares, es igual de emocionante y a pesar que no pude disfrutar mucho tiempo en la playa, agradecí el poder llegar a tan hermoso lugar y al tranquilo mar de Sucre. Pronto salí de allí con rumbo al norte, atravesar pueblos hermosos y llenos de mágica historia como Carmen de Bolívar o San Jacinto, tierra de la música de gaitas, donde pasé la noche antes de llegar a Cartagena, mi destino final, cruzando a Bolívar entre árboles gigantes, ciénagas e infinito y bello paisaje. No describiré a Cartagena una vez más, ni sus calles, la muralla, ni la playa. Solo daré infinitas gracias por las personas y recuerdos que me deja este viaje.
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Jesús María, Santander

Summit

El Diamante, Florian Santander

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Albania Santander

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Pauna, Boyacá

panorama

Cañón del Río Minero y Vista a Cerros Fura y Tena

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San Pablo de Borbur, Boyacá

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Santa Bárbara, Boyacá

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Otanche, Boyacá

Birding spot

Serranía de las Quinchas, Boyacá

Spa

Río Cristalina

River

Río Guaguanquí, Frontera de Boyacá y Cundinamarca

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Puerto Romero, Boyacá

River

Río Magdalena

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Doradal, Antioquia

River

Cañón del Río Claro

panorama

Vista a Cocorná, Antioquia

Summit

Piedra Peñol

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Guatapé, Antioquia

Photo

Recorriendo Guatapé Antioquia

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Sabaneta, Antioquia

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Caldas, Antioquia

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Envigado, Antioquia

Museum

Casa de la Cultura, Medellín

Train stop

Metro de Medellín

panorama

Cerro Nutibara, Medellín Antioquia Colombia 🇨🇴

Park

Parque San Antonio

Waypoint

Retorno Aures Robledo, Comuna 7

panorama

Adiós Medellín

Provisioning

Pan Chocha

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San Felix, Antioquia

panorama

Paisaje del Norte de Antioquia

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San Pedro de los Milagros

Lake

Represa de Río Grande, Antioquia

Lake

Entrerríos, Antioquia

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Santa Rosa de Osos, Antioquia

Camping

Llanos de Cuibá

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La Sultana del Norte de Antioquia.

Summit

Alto de Ventanas

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Puerto Valdivia, Antioquia

panorama

Ríos Impresionantes Nechí y Cauca

Waypoint

Planeta Rica, Córdoba

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Sampués, Sucre

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Sincelejo, Sucre

panorama

Vista al Mar y Montes de María

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Corozal, Sucre

Waypoint

Ovejas, Sucre

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El Carmen de Bolivar, Bolivar.

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San Jacinto, Bolivar

Lake

Ciénaga de Aguasclaras y Llegada al Mar Caribe

World Heritage Site

Cartagena de Indias, Bolivar

13 comments

  • Photo of diegono

    diegono Dec 16, 2019

    Parcero. En que buena aventura te embarcaste. Me dejaste motivado para hacer una rodada así de larga como la tuya.
    Saludos y un fuerte abrazo

  • Photo of DXMARIUS

    DXMARIUS Dec 16, 2019

    Gracias mi amigo por hacer parte de esta historia y a la vida por permitirme conocerlos y poder disfrutar de una buena ruta, porque era mi deseo desde hace mucho tiempo. Aunque no fue posible la grabación con GPS de la ruta completa, Oscar y Liliwhale me ayudaron para el trazado de la misma de manera manual. Pronto publico las rutas por caldas y la que hice con Lili y me alegra que se anime algún día a hacer un recorrido así porque vale mucho la pena. un abrazo amigo y de nuevo estoy muy agradecido por todo lo que me brindaron allá en Antioquia, sobre todo la confianza y la amistad sincera

  • Photo of Oscar Upegui

    Oscar Upegui Dec 16, 2019

    Una aventura inolvidable la que has logrado hacer amigo DXMARIUS y una excelente Crónica para borrosa fué un placer brindarle un poco de apoyo y compañía por estás tierras Antioqueñas, me alegro mucho que hayas podido cumplir a la perfección lo que con buen tiempo preparaste, la verdad mis respetos compañero porque que kilometraje tan grande el que has logrado recorrer.
    Hasta que podamos volver a rodar, ya sea por allá en Santander o por acá en Antioquia en una próxima aventura a pedal.
    Saludos hermano y felicitaciones por compartir tremenda aventura sólo para Guerreros.

  • Photo of Oscar Upegui

    Oscar Upegui Dec 16, 2019

    Una aventura inolvidable la que has logrado hacer amigo DXMARIUS y una excelente Crónica, para nosotros fué un placer brindarle un poco de apoyo y compañía por estás tierras Antioqueñas, me alegro mucho que hayas podido cumplir a la perfección lo que con buen tiempo preparaste, la verdad mis respetos compañero porque que kilometraje tan grande el que has logrado recorrer.
    Hasta que podamos volver a rodar, ya sea por allá en Santander o por acá en Antioquia en una próxima aventura a pedal.
    Saludos hermano y felicitaciones por compartir tremenda aventura sólo para Guerreros.

  • Photo of liliwhale®

    liliwhale® Dec 16, 2019

    Hola Mariux !!!!

    Que aventura fantástica !
    Que bonito lo que dices: "La Bicicleta no Sólo Lleva a Lugares, También a Amigos". Que especial saber que alguna vez nos conectamos de forma virtual hace un par de años ya, cuando compartimos con el mundo alguna ruta realizada y, ahora, esa pasión de recorrer los rincones de nuestro país en bicicleta nos han puesto a vivir semejante experiencia. Gracias a ti por la confianza !

    Y felicitaciones a ti por ese espíritu guerrero que tienes !!!. Te lo dije cuando llegaste a Guarne y te lo digo hoy de nuevo: "tienes un coraje y una determinación como pocas personas".

    Realizaste un recorrido sólo para guerreros. Te reencontraste contigo. Te reencontraste con la bici de nuevo, y que forma de hacerlo !!!.

    Este año ha sido bien especial para todos, y lo sabes. Lo más lindo es que hayamos podido tener el regalo de la vida y de la salud, porque sin esos ingredientes no hubiera sido posible tu recorrido y el encuentro para compartir de cerca tus experiencias.

    Me encanta como describes cada situación, cada entorno visitado y cada vivencia de tu viaje !!!
    Que bien por una descripción tan detallada de cada instante vivido. Muchas gracias por compartir tu aventura y dejar plasmada allí tanta vida. Gracias por la mención que haces de quienes estuvimos por ahí, por los laditos, acompañando tu hazaña. Pero realmente eres tú el artífice de una historia memorable que quedará como punto de partida para otros aventureros que quieran seguir las sendas recorridas.

    Gracias por dejarnos esta propuesta de un viaje maravilloso por el corazón de Colombia.

    Te deseo a ti y a los tuyos una Feliz Navidad.
    Un abrazo fraterno, Lili

  • Photo of DXMARIUS

    DXMARIUS Dec 18, 2019

    gracias Oscar por la valoración de la ruta y pues yo también espero que algún día podamos rodar de nuevo ya sea por acá o en las hermosas tierras de Antioquia. Estoy muy contento por haber cumplido el propósito que me hice desde que estaba un poco imposibilitado para montar y volver a vivir en la bicicleta además porque fue mejor de lo que esperaba que hice más kilómetros de los que me propuse al inicio. Gracias por el apoyo, por la amistad y por esa ruta tan bonita que hicimos hacia caldas un abrazo enorme y por acá siempre bienvenido.

  • Photo of DXMARIUS

    DXMARIUS Dec 18, 2019

    Querida Lili yo estoy muy agradecido con la vida por haber podido volver a pedalear y más aún por haber tenido la oportunidad de compartir y haberte conocido junto con Luis. siempre agradeceré porque gran parte del viaje fue gracias a ti, ya que sin ese apoyo no hubiese sido igual. su Merced sabe que desde mucho tiempo atrás había querido conocer a esa persona tan maravillosa que ha dejado tantas buenas rutas y que los usuarios de wikiloc tanto disfrutamos, al igual que como persona, me has brindado un gran apoyo tanto personal como en mi viaje y muchas gracias por los regalitos que me han servido muchísimo en lo que me quedó de viaje y para los siguientes que espero sean muchos. Sobra decirte que acá siempre las puertas de mi humilde casa estarán abiertas y que ojalá podamos tener la oportunidad de rodar de nuevo en un futuro no muy lejano. muchas bendiciones y saludos a Luis y espero que tengan una hermosa Navidad y que el próximo año esté lleno de esos cambios tan anhelados, qué son bien merecidos. Buena salud y prosperidad siempre.

  • Photo of ciclomuisca

    ciclomuisca Dec 28, 2019

    Excelente travesía, comenzando con la nostalgia y terminando en alegría, felicitaciones por duro trayecto y le deseo que el próximo años sean muchos kilómetros más.

  • Photo of DXMARIUS

    DXMARIUS Dec 28, 2019

    Muy agradecido amigo por su valoración y si impresión de la ruta. Si es todo en la vida, primero los problemas y luego una buena revancha. Felices fiestas mí amigo Ciclomuisca.

  • Photo of Fabian jerez

    Fabian jerez Jan 25, 2020

    Espectacular relato de cada vivencia, increíble como describes cada sensación, haces que el lector pedalee junto a ti en su imaginación.
    Gracias por compartir e inspirar.

  • Photo of DXMARIUS

    DXMARIUS Jan 26, 2020

    Muchas gracias por su valoración. Es con mucho gusto.

  • paulelkillo Feb 11, 2020

    hola!
    estoy interesado en tu ruta y queria saber como gestionaste el hospedaje?
    gracias
    un saludo

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    DXMARIUS Feb 11, 2020


    Gracias por la valoración de la ruta amigo paulelkillo. La mayor parte del viaje lo hice acampando, por lo que es cuestión de pedalear hasta las 4:00 PM o un poco más tarde, para ir buscando un buen lugar, durante lo que quede de luz, que no sea cerca a un camino, que no sea visible desde la vía principal, en donde tal vez se encuentre cerca agua y que no llegue a irrumpir en una propiedad privada. Después del Magdalena en Antioquía, casi todo está cercado y hay muchas casas, por lo que conviene pedir permiso a una familia para instalar la carpa detrás de su casa pero muchas veces, me decían que pasara a la casa a cenar o incluso a dormir, por hospitalidad. El resto de veces, recibí la bondad y hospitalidad de grandes amigos y familiares.

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